ESPECIAL EGIPTO: ¿Qué está pasando realmente?

Se ha consumado un nuevo golpe de estado en Egipto, con la salida del ejército a la calle, prosiguiendo así la época de inestabilidad política iniciada en 2011 con el derrocamiento de Hosni Mubarak. En esta ocasión es un nuevo golpe de estado del ejército, en apoyo a la oposición, para derrocar al presidente electo Mohamed Mursi. Un golpe de Estado, muy a pesar de la UE y EE.UU, que no lo quieren calificar así para poder mantener una imagen limpia para ellos en sus intereses depositados en Egipto. Pueden emplear todos los eufemismos que quieran.

 

 

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En febrero de 2011, Hosni Mubarak fue derrocado por amplios sectores populares como consecuencia de la situación económica que vivía Egipto, además de la oposición a que el hijo de Mubarak fuera el sucesor. En los históricos sucesos de la Plaza de Tahrir participaron numerosos sectores de la población representados por sus partidos políticos; en esta ocasión, los Hermanos Musulmanes adquirieron gran fuerza en esta lucha y gran referencialidad, lo que les llevó a, posteriormente, ganar las elecciones.

 

¿Era el candidato favorito del imperialismo de EE.UU. y de la UE?

En ese momento se podría decir que los Hermanos Musulmanes y Mohamed Mursi eran los más adecuados para dirigir y gestionar el país. Los que en ese momento podían controlar en general a las masas egipcias. Eran los que contaban con el mayor apoyo. Era su mejor alternativa a pesar de ser un partido algo inestable para los intereses de EE.UU. y la UE. Determinaron que sí podían cumplir con los objetivos que tenían (y tienen) para Egipto. Es decir, sostener a Egipto bajo el régimen de dependencia con respecto a EE.UU. y la UE y mantener el libre mercado o economía de mercado (el régimen capitalista). Así, el gobierno de EE.UU. celebró como un “hito” la victoria electoral de los Hermanos Musulmanes -por un estrecho margen contra el óptimo de EE.UU. y favorito del ejército, Ahmed Shafiq. Obama telefoneó a Mursi, para mostrar su apoyo “a un socio de confianza y que EE.UU. seguirá ofreciendo la ayuda que le sea solicitada para garantizar la transición a la democracia”.

Cabe necesario recordar que un Egipto estable y controlado, con un gobierno afín, supone estabilizar la zona para el desarrollo de los intereses de Israel, EE.UU. y la UE en la oriente próximo y oriente medio. Al igual que en su día lo fue Mubarak. Y para ello, los Hermanos Musulmanes cumplía bien su papel, así se ha visto con referencia a Palestina y a Siria, al ser calificados por EE.UU. como islamistas “moderados” y “dóciles”. Es conocida la  confrontación histórica de los Hermanos Musulmanes con Al Qaeda, dado que los primeros rechazan las prácticas sanguinarias de los segundos.

 

Pero, ¿qué tipo de ayuda ha aportado EE.UU. a Egipto?

Este apoyo económico es continuado desde la época de el-Sabat pasando por Mubarak hasta a día de hoy, tras la victoria de Mursi, y previsiblemente se mantendrá tras su caída en desgracia. Actualmente se cifra la ayuda y garantías financieras de EE.UU. en 1.400 millones de dólares a lo que hay que sumar 1.300 millones de dólares anuales que proporciona adicionalmente al Ejército egipcio. La UE también proporciona ayudas con una potencialidad que puede llegar a los 5.000 millones de dólares total de desembolso. A parte, el FMI (tentáculo de la UE) tiene concedido un préstamo por 4.800 millones de dólares (otros medios indican que es de 3.200 millones). Y el Banco Mundial (tentáculo de EE.UU.) planteó la donación de 6.000 millones de dólares. Son múltiples las ayudas económicas que recibe por diferentes lugares y en diferentes momentos.

La utilidad de algunos de los actores políticos de conflicto extendido desde 2011 es demostrada por el mantenimiento e incremento de las ayudas proporcionadas en diferentes formas. Igualmente, la contraprestación está sobre la mesa. Es el mantenimiento de Egipto como un país dependiente a los intereses económicos y geoestratégicos de los mencionados y sus grandes multinacionales.

 

Los lazos de EE.UU. con el ejército egipcio.

Como se ha demostrado en este conflicto e históricamente, hay mucha vinculación entre el ejército y el pueblo. Históricamente el ejército ha defendido el mayor carácter secular del Estado y su imagen ante las masas recuerda al Movimiento de los Oficiales Libres que en 1952 derrocó a la monarquía corrupta y prooccidental de Faruq I e instauró la República Árabe de Egipto, al frente de la cual se situó el prestigioso militar egipcio Gamal Abdel Nasser. Nasser inició una política de gobierno nacionalista y antiimperialista, fue el impulso del llamado “panarabismo”, corriente política que defendía la unidad de todos los pueblos árabes frente a las potencias colonialistas e imperialistas de occidente, en política exterior fue un decisivo opositor al Estado de Israel y un defensor del pueblo Palestino. En asuntos internos su gobierno se caracterizó por llevar a cabo diversas reformas sociales (reforma agraria, nacionalizaciones, mayor secularidad del Estado…). El Ejercito Egipcio, permanece pues ligado en la memoria colectiva del pueblo a estas reformas, así como a episodios bélicos más o menos heroicos como la defensa del canal de Suez ante el ataque de los imperialistas franceses y británicos en 1956 y la Guerra del Yom Kippur contra el Estado de Israel.

No obstante el Ejercito Egipcio ha cambiado totalmente su carácter desde el giro que el Presidente Anwar el-Sadat dio hacia occidente y en especial hacia los EEUU. Tanto el gobierno de el-Sadat como su sucesor en el gobierno Hosni Mubarak purgaron el Ejército de oficiales nasseristas y nacionalistas, y ligaron su formación, armamento y adiestramiento militar a la maquinaria militar de los EEUU. Es un actor fundamental político en Egipto que es determinante pues desde hace 60 años ha dominado en mayor o menor medida la vida política de Egipto. El Ejercito Egipcio no solo tiene una importante función política sino que también son influyentes en los negocios, la participación en carreteras y construcción de viviendas, bienes de consumo, gestión de recursos, y vastas extensiones de las propiedades inmobiliarias. Según el periodista Joshua Hammer, “hasta en un 40% de la economía egipcia” está controlado por el ejército egipcio.  Los EE.UU ven en el Ejercito Egipcio un instrumento fundamental para mantener “bajo control” la situación en Egipto, por un lado cuenta con cierto prestigio entre las masas que legitimaron y celebraron su intervención para el derrocamiento de los presidentes Mubarak y Mursi y es un actor político con experiencia al que no le temblaría la mano para estabilizar la situación con métodos “contundentes” si se diera el caso. Los EEUU se han cuidado de situar al frente de las “asonadas” militares a un hombre de su estrecha confianza.

Así, el prestigioso oficial militar y ex-Ministro de Defensa, Mohamed Hussein Tantawi, es un viejo amigo del republicano estadounidense  Robert Gates (fue director de la CIA con Bush padre y Secretario de Defensa con Obama). Tantawi asumió la jefatura del Consejo Superior Militar en sustitución del poder dejado por Mubarak en 2011. Es un caso palpable de vinculación directa de ciertos actores políticos y militares con EE.UU., junto con el de las ayudas económicas. Hoy vemos como el principal artífice y nuevo hombre fuerte en El Cairo es el general Abdul Fattah al Sisi, un militar formado en los EE.UU. y que participó en planes de cooperación militar junto con las Fuerzas Armadas de EE.UU.

El ejército ha cumplido su papel siempre que se le ha requerido, pero no solo socialmente sino que también lo ha realizado en lo que respecta de los intereses geoestratégicos de Israel y EE.UU. Así ha sido en las últimas casi 4 décadas tras la finalización de las hostilidades israelíes egipcias como consecuencia de la Guerra del Yom Kippur. Actualmente el ejército egipcio ha sido el brazo ejecutor del bloqueo de la franja de Gaza para impedir el contrabando de armas destinado a los milicianos de Hamas en su resistencia contra la invasión israelí.

De ahí el interés de EE.UU. de que todo proceso de establecimiento de un gobierno afín se realice por mediación del ejército. Gracias al apoyo, entrenamiento y financiación de los Estados Unidos las Fuerzas Armadas de Egipto son las más grandes y eficaces de los países árabes, tienen alrededor de 500.000 soldados en activo y cerca de otros 500.000 en reserva. Sólo en 2009 los EEUU dieron a la República Árabe de Egipto 1.300 millones de dólares en materia de asistencia militar9. Todo ello supone que las fuerzas armadas de Egipto no solo sean utilizadas por las potencias occidentales como un factor de control interno, sino como fuerza que garantice el dominio y estabilidad de los EEUU en Oriente Medio, uniéndose a otros estados gendarmes de la zona como Israel o a la alianza militar de las monarquías feudales del Golfo el Consejo de Defensa del Golfo.

El fracaso económico del gobierno Mursi y el auge de las protestas sociales y políticas.

Una de las razones por las cuales los EEUU y las potencias europeas han dejado de confiar en Mursi y en los Hermanos Musulmanes ha sido por su incapacidad de solventar y canalizar la crisis social existente en Egipto. A los imperialistas y a las grandes multinacionales no les interesa seguir sosteniendo un gobierno incapaz de mantener una estabilidad mínima en la zona y fruto de una habilidad maquiavélica juega a dos cartas con la posibilidad de sustituir a un monigote por otro, siempre y cuando éste siga sus dictados. Uno de los mayores fracasos de los hermanos musulmanes ha sido el no saber enderezar la crisis económica y social brutal que está viviendo Egipto durante los últimos años.

Desde los tiempos de Sadat, Egipto abandonó la política económica y socializante de la era de Nasser y fue iniciando una política de liberalización siguiendo los dictados de los organismos económicos imperialistas como el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y la Organización Mundial del Comercio, recibiendo “ayudas” y “generosos” préstamos de otros países a cambio de seguir a pies juntillas sus “sugerencias” en materia económica: privatizaciones, favorecimiento de la instalación y dominio de las multinacionales extrajeras en dichos países, liberalizaciones arancelarias a productos de fuera subvencionados… Todo estas medidas trajeron, por un lado el florecimiento de una capa oligárquica de la sociedad ligada al poder político corrupta que realizaba todo tipo de negocios con los monopolios extranjeros, y por otro el aumento de las desigualdades, la ruina de pequeños campesinos y comerciantes y el empeoramiento de las condiciones de vida de amplias capas de la población. La economía se basó principalmente en sectores que no creaban una fuente de empleos fija como el Turismo o el sector financiero, mientras las empresas que se instalaban en Egipto sometían a sus trabajadores a condiciones de trabajo draconianas. La situación de las masas empeoró notoriamente con el estallido en 2008 de la crisis capitalista mundial y, finalmente, la crisis económica terminó convirtiéndose en crisis política y social que se tradujo en el colapso del régimen de Mubarak.

En un principio los Hermanos Musulmanes se presentaron ante las masas como una fuerza política con unos planteamientos socio-económicos basados en el asistencialismo religioso y una economía tradicional de mercado-bazar, basado en el pequeño comercio y en la pequeña producción. Con este discurso el islamismo político se atrajo el voto y la simpatía de una parte sustancial de las clases populares. Pero los resultados obtenidos, con el gobierno de los Hermanos Musulmanes, no han sido nada nuevo bajo el sol. El gobierno de Mursi siguió continuando la política liberal existente bajo la era de Mubarak y la situación económica no mejoró.

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 El desempleo pasó de un 9,7% en 2009 a un 13% en 2013, por su parte la desaceleración económica de la economía egipcia llegó a un 2,2% en el último año, desmintiendo las proclamas triunfalistas de Mursi que preveían un crecimiento económico de hasta 6 puntos en 2013. Así mismo las inversiones extranjeras cayeron un 13% con respecto al año pasado. El gobierno de Mursi, al contrario de las expectativas marcadas por muchos, no contribuyó a la realización de reformas sociales prometidas ni a romper con la dependencia económica del capitalismo egipcio. Por el contrario implementó políticas antipopulares y de “austeridad” para intentar reducir del disparatado déficit público en Egipto. La desigualdad en los salarios siguió creciendo y las condiciones de vida de los sectores populares lejos de mejorar, empeoraron. El número de población egipcia que vivía con menos de dos dólares al día pasó de un 20% en 2005 a un 40% en 2012. El desempleo se ceba principalmente en la población juvenil, uno de cada tres jóvenes se encuentra en situación de desempleo10.

La desilusión de las expectativas que un sector de las capas populares egipcias puso en el gobierno islamista, el empeoramiento de las condiciones de vida, la subida de los precios de los productos esenciales empujaron un nuevo renacer de las protestas sociales en Egipto. Una parte importante, aunque aún no determinante, de las movilizaciones se produjo en los centros de trabajo debido a un incesante movimiento huelguístico y sindical que tuvo su relanzamiento desde el derrocamiento de Mubarak. En 2012, año en que Mursi asumió la presidencia, se produjeron en Egipto alrededor de 3400 protestas de carácter socioeconómico. Por su parte los Hermanos Musulmanes a pesar de abanderar el ideal de la democratización no han dudado en reprimir con mayor dureza incluso que Mubarak y los militares los movimientos obreros y sindicales.  En junio de 2012 cinco dirigentes sindicales fueron condenados en Alejandría a 3 años de cárcel cada uno por dirigir una huelga de 600 trabajadores portuarios. Los Hermanos Musulmanes continuaron su labor redactando leyes cada vez más represivas en materias sindicales y en conflictos económicos. Para más muestra un botón, el Colegio de Abogados de Egipto ha denunciado que la ley anti-huelga redactada por el Consejo de la Shuria está basada en la ley de 1923 implantada por los colonialistas ingleses para reprimir la revuelta de 1919.

Un sector implicado en las movilizaciones y huelgas económicas ha sido el de los trabajadores del sector público, que pretenden echar abajo los planes privatizadores desarrollados por el gobierno de Mursi e impuestos por el FMI. Los médicos egipcios se declararon en huelga del 1 de Octubre al 21 de Diciembre de 2012, reclamando mejoras salariales y una mayor inversión en infraestructuras médicas. Al principio del curso académico estallaron numerosas protestas y huelgas por parte de los maestros egipcios, a pesar de que la huelga fue boicoteada por el principal sindicato de educación que está en manos de los Hermanos Musulmanes, el seguimiento de esta fue sin duda.

Pronto las huelgas parciales y sectoriales fueron pasando a tener un carácter económico más general, de ahí se destaca que gran parte de la lucha de los trabajadores egipcios fue encaminada a echar abajo el “Plan de Ajuste” impuesto por el FMI a Mursi como condición para seguir recibiendo préstamos. Este “Plan de Ajuste” contemplaba entre otras cosas un aumento sustancial de los precios de los bienes de consumo, nuevos impuestos indirectos y subida de los existentes, despido de trabajadores públicos y privatización de servicios públicos. Este programa lejos de saca a Egipto de su callejón sin salida lo hundió aún más, la inflación subió un 10% y el desempleo ascendió a tasas desconocidas.

 

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Cuando Mursi respondió a las protestas sociales con un giro autoritario a su política, la lucha de los trabajadores tomó un cariz político tornándose las demandas económicas en demandas democráticas y en contra de la constitución. No obstante los obreros no han sido un factor importante en las protestas que han llevado a la caída de Mursi, los obreros desconfían de la “intelectualidad liberal-secular” que encabeza la oposición a Mursi dentro del Frente de Salvación Nacional y desconfían de las declaraciones de sus dirigentes el-Baradei y Musa en contra de las huelgas. Los trabajadores todavía no se han ligado ni han creado una fuerza política independiente que defienda consecuentemente sus intereses, no obstante algunos sectores obreros han comenzado a vincularse a partidos de izquierda, es el caso de la Coalición Democrática Revolucionaria.

La reforma Constitucional fue otro de los elementos que generó una considerable agitación social de oposición y los enfrentamientos entre partidarios de la oposición y partidarios de los Hermanos Musulmanes a principios de año. Esta reforma generó gran controversia al implantar la Sharia, la ley islámica, como fuente principal de la legislación. Una fuente que es objeto de interpretación y que unido a que establece que quien la interpreta es la institución Al Azhar, donde los hermanos musulmanes y salafistas están alcanzando la mayoría, puede conllevar un endurecimiento de la ley, implicando la obtención de un mayor control social. Esta interpretación también podrá afectar a la estabilidad de la zona que exige EE.UU. Uno de los miembros del Consejo de Al Azhar, Qaradawi, afirmó que “Le decimos a Israel: sus días están contados” y que “Dios podría dejar sin castigo al opresor por un tiempo, pero cuando llegue el momento del juicio, no habrá huída”. Estas afirmaciones han podido generar temor en EE.UU. e Israel, siendo un nuevo factor influyente en la retirada del apoyo a los Hermanos Musulmanes.

En definitiva la crisis  y la caída que llevaron a la caída de Mursi fue por una parte el desengaño de una parte de los sectores populares (pequeños campesinos y comerciantes), que depositaron ciertas expectativas en su gobierno que fueron traicionadas, la rebelión de las clases medias urbanas que vieron con terror  la deriva autoritaria e islamizadora del nuevo gobierno y el descontento generalizado de las clases populares llevaron al aislamiento social de los Hermanos Musulmanes y a la retirada de la confianza de occidente a su gobierno.

 

El Gobierno islámico-liberal de Morsi.

Las medidas económicas y políticas que han generado los diferentes problemas anteriormente descritos, como base del levantamiento popular, tienen su natural origen en quien las impulsa. Quien las impulsa es el Gobierno de Mursi y su composición es coherente con las medidas liberales llevadas a cabo. Además, de ser coherentes con las exigencias del FMI para desbloquear el préstamo. Los propios Hermanos Musulmanes acogieron el liberalismo como política económica desde los años 90 hasta la actualidad, muy acorde con sus valedores norteamericanos y europeos. Lo combinan con el islamismo. Mursi tiene vinculaciones con EE.UU., pero también tiene importantes vinculaciones con las potencias imperialistas regionales de Qatar y Arabia Saudí -esta última más recelosa hacia los Hermanos Musulmanes y más tendentes al apoyo a los salafistas-, con intereses en maniatar a Egipto para seguir dominado la zona.

Era un gobierno -con 35 ministros- de composición principalmente proveniente de los Hermanos Musulmanes (islámicos moderados y liberales) y con cierto peso de tecnócratas que provienen de las capas altas de la sociedad. Igualmente incorporaba a miembros salafistas. Además, también había cierta continuidad liberal del Gobierno de Mubarak con algunos miembros rescatados.

Así, 6 miembros del gobierno de Mursi ya estuvieron bajo el gobierno liberal de Mubarak, entre ellos figuras importantes como el Ministro de Asuntos Exteriores y el Ministro de Finanzas.

Otros 4 miembros del gobierno pertenecían a los Hermanos Musulmanes, entre ellos el Ministro de Vivienda y el Ministro de Enseñanza, además del propio Mursi como Presidente de la República Árabe de Egipto.

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Los militares, con los vínculos ya vistos con EE.UU., también tenían cierto peso con el Mariscal de Campo Tantawi al cargo del Ministerio de Defensa y con el General Ahmed Gamal al frente del Ministerio del Interior. Un peso importante en ministerios que les permitía el control interno de la sociedad egipcia y el control de la zona de Oriente Medio para los intereses estadounidenses, europeos e israelíes. Así fue hasta que fueron sustituidos.

Pero las capas altas de la sociedad no iban a quedarse sin el lugar desde el cual dirigir directamente los designios de la sociedad para sus intereses como clase, además de los propios Hermanos Musulmanes y otro partidos liberales. Así, los ministerios de asuntos sociales y de electricidad eran dirigidos por dos empresarios, uno de ellos Mahmoud Balbaa -jefe de la Egypcian Electric Holding Company.

La remodelación del Gobierno no hizo más que ahondar en el poder de los Hermanos Musulmanes, para controlar y estabilizar el gobierno y, de esta manera, afrontar la crisis económica y social. Con la incorporación de otros 3 miembros, en sustitución de los continuistas e independientes, hasta sumar un total de 10 en el gobierno- El mayor peso de los Hermanos Musulmanes suscitó críticas y denuncias desde los partidos de la oposición y desde los salafistas.

Y, sin que nadie lo denunciara, proporcionó mayor peso a los empresarios que participaban como independientes en el gobierno con la incorporación de otros tres nuevos empresarios -a pesar de la sustitución de uno de los iniciales- para dirigir diferentes carteras ministeriales -Aviación Civil, Comunicaciones y Tecnología de la información y Asuntos legales y Parlamentarios.

El corte liberal -que ha generado mayores desigualdades sociales y miseria por todo el mundo- del gobierno es su característica fundamental en su poco tiempo de vida. Con solo observar su composición se comprueba que la marca del mismo es la continuidad de la defensa de la economía de mercado, ya instaurada desde los tiempos de Anwar el-Sadat.

 

La composición de la oposición a Mursi.

Frente a todas las problemáticas económicas, sociales y políticas, se erige una oposición sumamente heterogénea. Abarca diferentes capas de la sociedad, en cuanto a los intereses que defiende y en cuanto al apoyo social que reciben. Lo que les une es su oposición a Mursi, al Partido Libertad y Justicia (los Hermanos Musulmanes) y a los Salafistas del Partido Al Nour, que colaboran con ellos a pesar de las críticas vertidas. Pero en las reivindicaciones de la oposición hay diferencias sustanciales en función de sus intereses de clase.

De esta forma lo que se conoce como oposición se articula en el Frente de Salvación Nacional, dentro del cual se encuentra la minoritaria Coalición Democrática Revolucionaria (formada por partidos de izquierdas, socialistas, comunistas y progresistas).

En concreto dentro del frente se encuentran:

El principal liberal que dirige a la oposición es Mohamed el-Baradei; es el elegido como representante y máximo dirigente del frente, demostrando así la fuerza que tienen los liberales en el seno del frente. Es el hombre fundamental de EE.UU., es conocida su intervención al frente de la Organismo Internacional de la Energía Atómica (OIEA) defendiendo los intereses del gendarme internacional estadounidense (el intento de la desnuclearización de todos aquellos países no aliados  de EE.UU. y de la UE). Actualmente se encuentra en el Partido de la Constitución, el cual está estudiando unirse con el Partido Socialdemócrata egipcio, también de corte liberal. En 2011 era un perfecto desconocido en Egipto, no tenía arraigo social alguno. Ahora parece querer tener protagonismo, espoleado por EE.UU., para ganar apoyos en su carrera política. Con su discurso repetitivo por la “unidad nacional” y la “reconciliación nacional” quiere ocultar los problemas sociales y económicos; así quiere ocultar las diferencias entre las clases sociales egipcias y favorecer a las capas altas.

155801690El otro gran partido liberal, dentro del frente, es el Nuevo Partido Wafd, aunque de tendencia nacionalista.  Propugna la inversión productiva privada nacional y un mayor equilibrio en la economía entre los sectores público y privado; políticamente busca el desarrollo amplio de la democracia al estilo conocido en occidente (“independencia” del poder judicial, sistema “multipartidista”, “protección” de las libertades políticas, …), al igual que el-Baradei. A efectos prácticos permite el manejo del país a los grandes empresarios y banqueros. Su presidente es el magnate farmacéutico El-Sayyid el-Badawi, lo que da idea de la base social del partido. Alcanzó el 9,2% en las elecciones presidenciales.

 

Los campesinos se han unido al movimiento de oposición mediante el Sindicato General de Agricultores como respuesta al recorte de derechos democráticos y sociales -que les afecta como capa social- contenidos en la Constitución de diciembre de 2012.20

Los nasseritas del Partido Unido Nasserista son otro de los partidos importantes dentro del frente, el tercero que mayor número de votos alcanzó. Tienen implantación entre los trabajadores, especialmente entre los del sector público como reminiscencia de la época de Nasser. El presidente de la central sindical FESI, Abu Eita, es miembro del partido.

La Coalición Democrática Revolucionaria dentro del Frente de Salvación Nacional:

El Partido de la Alianza Socialista Popular es el que tiene mayor significación y vinculación social entre los trabajadores de todos los pertenecientes a la coalición. Cuenta con el apoyo de los obreros de Jalid ‘Ali, Wa’il Gamal, Abu al-’ Izz al-Hariri y ‘Abd al-Ghaffar Shukr, así como la vicepresidenta de la central sindical FESI, Fátima Ramadan22.

También está presente, entre otros, el Partido Comunista de Egipto, el cual cuenta con escasa implantación -aunque va en sentido creciente- entre las masas porque estaba ilegalizado hasta 2011. A pesar de ello se ha situado al frente de luchas obreras como las de la industria textil de Mahalla al Kubra. Éste reclama una mayor profundización democrática anti-imperialista que permita la participación de las masas populares y la consecución de las demandas económicas. De hecho, hace un llamamiento a la permanencia en la Plaza de Tahrir hasta que las demandas sean satisfechas.

 

Contradicciones dentro de la oposición:

Los trabajadores y campesinos empiezan a incorporarse a este movimiento de oposición y a la actividad política, es como consecuencia de las condiciones de vida a las que les ha sumido la política liberal, atrasada y errática, de Mursi. Esto, inevitablemente tiene reflejo en el incremento de la fuerza de la Coalición y de los nasseristas frente a los liberales, que se asientan, principalmente, en las capas medias y altas de la sociedad y en parte en la intelectualidad y en los jóvenes profesionales urbanos, aunque puedan atraerse apoyos de sectores de trabajadores.

La mayoría de los partidos de izquierda, de la Coalición, y los nasseristas abogan por la re-nacionalización de las empresas privatizadas durante el gobierno de Mubarak y por la imposición de un impuesto sobre la riqueza de los más ricos, sobre los bienes inmuebles y las transacciones bursátiles. Entre otra medidas que favorecen los intereses inmediatos de los trabajadores y la reconstrucción de parte de los servicios públicos. Aliviaría en parte la deuda pública y las condiciones de vida de los trabajadores.

En cambio los sectores vinculados al imperialismo defienden una política económica más dirigida a la economía de mercado. Más de lo mismo. Plantean una mayor cesión de derechos democráticos, al estilo occidental (hasta el punto que consideren en cada momento). El-Baradei no cuenta con conocimientos en materia de economía, de hecho no se encuentran propuestas concretas en este ámbito, lo que da idea de quiénes dirigirán la política económica en el caso de ser elegido como Presidente -ahí estará los mecenas ya descritos. Estas políticas liberales chocan por completo con las propuestas de los partidos de izquierdas, aunque realicen ciertas concesiones.

 

Los acontecimientos del año presidencial hasta el final derrocamiento de Mursi.

Todo el desarrollo del año de gobierno de Mursi ha estado marcado por la acumulación cuantitativa de tensiones sociales. Conflictos en base a las diferentes luchas obreras y de las diferentes capas sociales por la consecución de mejoras en sus condiciones de vida, como ya hemos podido ver en anteriores apartados del artículo.

A ello, se han sumando una serie de sucesos políticos que han aportado una suma cuantitativa al conjunto de las tensiones sociales, que estaban presentes, y que finalmente han conllevado a un salto cualitativo en la situación. Todas las tensiones han supuesto la incorporación de cada vez más gente -numéricamente- y capas sociales al movimiento que, finalmente y dada su fuerza, han derrocado al gobierno de Mursi.

Así, al día siguiente de su victoria electoral se produjo la disolución de la cámara baja -con capacidad legislativa. Ésta es decretada por el ejército, debido a la denuncia de supuestas irregularidades en la elecciones presidenciales ganadas por Mursi. El ejército sostiene en sus manos el poder legislativo. Esto conlleva las primeras tensiones políticas entre ambos. Mursi trata de restablecerla un mes después. Finalmente, el 12 de agosto de 2012, Mursi aprobó una nueva declaración constitucional por la que pasa a sus manos el poder legislativo, dado que el parlamento está disuelto, y convoca la constitución de una Asamblea Constituyente -capacidad que solo detenta Mursi- para promulgar una nueva Constitución. La centralización del poder en Mursi supone las primeras críticas de la oposición -recordemos que en gran parte también ligada a los intereses de las potencias imperialistas internacional- en esta dirección.

La absolución de 24 altos cargos del gobierno de Mubarak, en octubre de 2012, por la represión ejercida en febrero 2011, supone un nuevo jalón que genera enfrentamientos en la Plaza de Tahrir y el incremento de las tensiones sociales.

Finalmente, Mursi convocó la Asamblea constituyente en noviembre de 2012, con una mayoría de miembros de los Hermanos Musulmanes y Salafistas, lo que desata las denuncias y las críticas de inconstitucionalidad por “no representar al conjunto de la sociedad” -especialmente a los independientes. La Asamblea Constituyente claramente beneficia el asentamiento del poder de los Hermanos Musulmanes; lo necesitan para establecer un gobierno estable que afronte la crisis desde las perspectiva e intereses de las potencias internacionales, pero dando un considerable peso al islamismo. Así, es redactada la Constitución que será aprobada en referéndum en diciembre de 2012. Sobre la convocatoria del referéndum también recaen denuncias de inconstitucionalidad desde la oposición. Y, a la par, también coincide la remodelación de gobierno de Mursi que, a principios de enero de 2013, presenta los nuevos 10 ministros que sustituyen a los anteriores e incrementan el peso de los Hermanos Musulmanes. Se produce la vuelta a la plaza de Tahrir, en esta ocasión son las capas sociales que apoyan a la oposición las que toman la plaza y confrontan con la policía y con las capas populares que apoyan a los Hermanos musulmanes. Se producen varios muertos en los enfrentamientos.

_egiptonoche_fbcbcd26Entre tanto, se sucede la respuesta a las manifestaciones de Port Said. La brutal represión de la policía se saldó con una cuarentena de muertos -entre los manifestantes que protestaban contra las penas de muerte decretadas contra los aficionados que provocaron los graves incidentes, un año atrás, en un partido de futbol. Mursi decreta el estado de emergencia y el toque de queda en la zona. Un acontecimiento que echa más leña a una caldera social ya de por sí caliente.

Como salida de la situación de tensión social y confrontación, la oposición, junto con los salafistas, ofrecen a Mursi una propuesta de formación de gobierno de unidad nacional.

En marzo de 2013 el Tribunal Superior Administrativo suspende el proceso de elecciones legislativas, aprobado por el gobierno de Mursi tras la aprobación de la Constitución, por ser inconstitucional la ley electoral. Sigue estando en el aire la resolución judicial sobre la formación de la Asamblea Constitucional, la Constitución elaborada en la misma y sobre el referéndum . Finalmente, a principios de junio, el Tribunal Constitucional egipcio declaró inválidas la ley electoral por la que se eligió la Cámara alta del Parlamento, que en ese momento ejerce todo el poder legislativo, y la composición de la Asamblea Constituyente. A su vez, esto supone que se falla en contra de la Constitución y su referéndum.

La crisis social está en su clímax y se produce el salto cualitativo en las tensiones sociales. A finales de Junio, la oposición vuelve a la Plaza de Tahrir. Acampa allí hasta que se produzca la dimisión de Mursi y la convocatoria de nuevas elecciones. Obama abandona el apoyo a Mursi y le pide que convoque elecciones presidenciales. El ejército protege a la parte de las masas populares opositoras acampadas en Tahrir para evitar que sean atacados por la parte de las masas populares que apoyan a los Hermanos Musulmanes. El día 1 de julio el ejército establece un ultimátum de 48 horas a Mursi para que cumpla las demandas populares. Se produce la crisis en el gobierno de Mursi con 5 dimisiones. Éste propone la constitución de un gobierno de unidad nacional pero no dimite. Por orden del General Al-Sisi el ejército sale a la calle, depone a Mursi al frente del país, toma oficialmente el poder mediante golpe de estado y detiene a Mursi. Se abre un proceso de gobierno interino con militares, al frente del cual se sitúa Adli Mansur -hasta ese momento Presidente del Tribunal Constitucional- , y la elaboración de una hoja de ruta que desemboque en unas nuevas elecciones presidenciales. Tanto EE.UU. como la UE avalan la actuación del ejército y esperan que el desarrollo de este proceso se dirija hacia un gobierno de la oposición, con el cual puedan estabilizar Egipto para la consecución de sus intereses.

 

Conclusiones: gobierno Islámico-liberal vs gobierno Laico-liberal no es la meta de los trabajadores.

Los intereses de EE.UU. y la UE son cubiertos tanto por el laicismo como por el islamismo, siempre y cuando defiendan la economía de mercado y permita el desarrollo de los intereses económicos y geopolíticos de EE.UU. y la UE. Recurrirán a un formato o al otro en función de la situación interna del país y de su relación política con quienes encarnan uno u otro. Mientras que en el Egipto 2012 promovían el islamismo-liberal, ahora es más funcional, dadas las circunstancias, el laicismo-liberal. Y viceversa en otros países. Ni pensar en el laicismo nacionalista de fuerte intervención del Estado y de nacionalización de la economía. Igualmente, tiene influencia la intervención de Qatar, que tienen depositados sus intereses económicos y políticos en el gobierno islámico-liberal en Egipto; así actualmente establecen una contradicción en la zona con sus aliados internacionales.

No cabe duda que la clase obrera y el campesinado tienen puestos sus ojos y su esfuerzo en alcanzar mejores condiciones de vida; por ello empiezan a actuar, con mayor intensidad, en la lucha política de la oposición. A la luz de los datos y de los hechos, no cabe duda de que tácticamente el gobierno laico-liberal les supone un avance para poder llevar a cabo sus luchas: que no les sean prohibidas las huelgas, que puedan militar en partidos políticos legales con mayor amplitud de movimientos frente a una férrea persecución política. De esta forma tendrán mayor capacidad de organizar un movimiento obrero y revolucionario independiente. Para esta última condición es necesario que presten atención a sus aliados, que no se dejen embaucar por ellos porque les tratarán de llevar hacia el liberalismo, hacia los intereses del imperialismo estadounidense y europeo, hacia los intereses de los grandes empresarios y banqueros nacionales e internacionales. Ahí está la consigna de la reconciliación nacional y de la unidad nacional por encima de las diferencias de clase. Una unidad nacional que en estos momentos difíciles les reclama paralizar el movimiento huelguístico, como lo hizo el propio al-Badawi (Partido Wafd) y Amr Musa.

Tarde o temprano será necesaria la explosión del frente único de la oposición para la resolución de las contradicciones internas entre los diferentes grupos políticos, entre las  capas sociales que la integran. Evidentemente será una vez alcanzado el objetivo, una vez instaurado un estado laico, con amplios derechos democráticos para los trabajadores, que permitirá esa mayor capacidad de movimientos a la clase obrera y a los campesinos. En este proceso de 2013 parece que las fuerzas obreras y populares alcanzarán mayores logros económicos y políticos -finalmente dependerá de su fuerza-, pero, como se ha comprobado, no dejarán de ser estrechos, falsos o parciales en la práctica -en muchos casos- y temporales, bajo esta (y cualquier) forma de gobierno del régimen capitalista.

Toussaint Louventure y Leonardo de Pisa Fibonacci para La Mancha Obrera   (serie de 5 artículos)