¿Por qué la derecha continúa ganando los sondeos?

Los ultraconservadores siguen ancabezando las encuestas (a propósito de la última encuesta del Centro de Investigaciones Sociológicas).

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Curiosas paradojas la de esta peculiar “democracia” de partido único bicéfalo. Según se desprende de la última encuesta que publicó el 3 de mayo el Centro de Investigaciones Sociológicas, si se celebraran hoy elecciones el partido  de Mariano Rajoy obtendría el 34% de los votos. Es decir, la organización de la derecha tradicional española apenas perdería un punto en relación con la encuesta realizada el pasado mes de enero. Lo sorprendente es que en el transcurso de estos 120 días han ocurrido muchas cosas. Entre otras, un agravamiento continuado y persistente de la situación económica; un abrumador  crecimiento del paro en cifras que alcanzan los centenares de miles; el alucinante asunto Bárcenas; el endurecimiento de la represión en la calle etc., etc., etcétera.  Del resultado de  las  encuestas del CIS podría uno llegar a deducir que el gobierno de Mariano Rajoy posee mayor capacidad de sobrevivencia que las cucarachas después de una guerra termonuclear.

En cambio, el PSOE, que hace lo indecible para poder “comunicarse” con la sociedad a través de una verborrea seudo revolucionaria impropia de su naturaleza socialdemócrata, no sólo no avanza en la estimación electoral de los potenciales votantes , sino que retrocede nada menos que dos puntos, situándose en un escuálido 28, 2%. Estos datos ponen de relieve -siempre según la encuesta realizada por la institución estatal- que se ahonda la distancia entre las dos facciones del partido único gobernante.

Sin embargo, según el CIS, el panorama que hay más a la izquierda no resulta tampoco muy alentador. Izquierda Unida, cuyo Coordinador Cayo Lara proclamaba hace unas pocas fechas su convicción de superar en votos  al mismísimo PSOE, apenas obtendría un 9.9%, todavía distante de aquel 11% –  con 2.639.000 votos –  obtenido por Julio Anguita en una época en la que todavía  no acuciaban las garras de la crisis económica capitalista.

Sea como fuere, no es tampoco cuestión de prestarle mucha atención a esto de los sondeos electorales. Por varias razones. En primer lugar, porque los resultados de estas consultas se cuecen primero en las cocinas de los técnicos y sociólogos que preparan las preguntas. Y en segundo lugar, porque en esta sociedad del espectáculo,  como la llamaba Guy Debord, la denominada “opinión pública” se fabrica también en los laboratorios mediáticos  de las grandes empresas de la comunicación.

Cierta “izquierda”, pese a la enorme experiencia histórica acumulada por  sus  ancestros políticos  a lo largo de una férrea  dictadura,con un control omnímodo  de los medios de comunicación – desde  los púlpitos hasta  la TV -, ha olvidado que su campo de batalla no se encuentra dentro del cuadrilátero mediático existente. En ese espacio estará  siempre en inferioridad de condiciones.

La  izquierda que pone su  voluntad  en revolucionar la sociedad, en acabar con las estructuras socioeconómicas existentes, no ha encontrado nunca sus aliados en los medios de difusión situados en los aledaños del poder. Aquello que se dice en determinados ámbitos de  que “si no sales en los medios  no existes”,  solo será cierto  en la medida  que las fuerzas  políticas empeñadas en poner al revés las estructuras  permanezcan sin conexión con la base de la que pretende  lograr su apoyo.  En la historia del capitalismo  los revolucionarios han librado siempre  la contienda  política y propagandística  trabajando “desde abajo”, desde los centros de trabajo, desde los barrios, desde  las aulas, desde la vida cotidiana.  Es cierto que este trabajo  es  laborioso y esforzado, pero es también más seguro y duradero en el tiempo.

La “conciencia del cambio”  no brota de las alas del Espíritu Santo, sino de la lenta  labor politica y callejera de aquellos que han sido precoces en el descubrimiento del sentido de la historia. No se trata de una opinión, lo clama la experiencia histórica de generaciones enteras. Lo demás son ilusiones, estériles ilusiones.

 

Manuel Medina para Canarias-semanal.org