¿De dónde salen Al Qaeda, ISIS o Pravy Sektor?

En la madrugada del 18 al 19 de julio Donetsk sufrió los bombardeos más intensos desde enero. La artillería ucraniana acabó con la vida de dos civiles y dejó varios heridos. Estos bombardeos son habituales en Gorlovka y otras ciudades del frente y a pesar de ausencia relativa de maquinaria pesada en el frente, los combates y las escaramuzas continúan ¿No va siendo hora de aclarar lo que ocurre?

Los sucesos de Mukáchevo (El Mundo, 14 de julio) trajeron a la prensa nacional algo de luz sobre la guerra civil en Ucrania, donde el Pravy Sektor controlaba el contrabando de tabaco, alcohol y madera hacia la Unión Europea. En el mismo artículo también se reconoce la existencia de “mercenarios pagados por empresarios de la zona” que se “adornan con simbología nazi”. Por empresarios de la zona yo entiendo Igor Kolomoisky, dueño de un imperio mediático y financiero, cuya punta de iceberg es Privatbank, con tres sedes en España. Por mercenarios y Pravy Sektor entiendo fascismo, que fue clave para la imposición de un régimen reaccionario en Ucrania. Cabe recordar, que desde el principio de esta historia Pravy Sektor es un grupo proscrito en Rusia, como Kolomoisky. Sin embargo nuestro sanciones se dirigen a Rusia, quizá para “hacer aullar su economía” (Nixon sobre el Chile de Allende) y porque “Poroshenko es nuestro hijo de puta” (Roosvelt sobre Somoza).

Tirando de hemeroteca: “Ucrania, el país regido por el régimen más corrupto del mundo” publicado por The Guardian; “el Consejo de Europa critica a Kiev por las investigaciones sobre el Maidán”, sobre las víctimas de los francotiradores en la plaza de Kiev el año pasado; o los crímenes políticos y los intentos de borrarlos… queda claro que hemos convertido (nosotros, Occidente) a Ucrania en un régimen fascista al servicio de la Oligarquía, así nos lo aclara el general Yan Kazemirovich.

Las principales organizaciones fascistas ucranianas son Pravy-SeKtor y el partido Sbovoda, o Partido Nacional-Socialista Ucraniano. La rusofobia de sus líderes, Dimitry Yaros y Oleg Tiagnikov, les llevó a luchar en la guerra de Chechenia junto a Shamil Vasayev. Su inspirador, Stepan Bandera, un fue ultranacionalista ucraniano cuyo movimiento durante la II Guerra Mundial asesinó a miles de judíos y polacos, demostrándose tan ineficaz en la lucha contra los partisanos soviéticos como cruel contra los civiles, causando asombro incluso entre las SS alemanas. Bandera fue asesinado en Munich en 1959 por un agente soviético. Y es que después de la guerra, Stepan colaboraba primero con británicos y después con los servicios secretos de Alemania Federal (o sea, la CIA) en la introducción de partisanos antisoviéticos en Ucrania, que los estadounidenses apoyaron lanzándoles material en paracaídas desde el año 49 hasta su derrota en los años 60.

Los ucranianos nacionalistas derrotados formaron una importante diáspora en Canadá (donde lograron la expulsión de la pianista Valentina Lisitsa de la filarmónica de Toronto por sus críticas a la junta de Kiev) y Estados Unidos, muy activos desde la caída de la URSS. Con propaganda, ONGs y fundaciones, en un país abonado por la corrupción y la miseria, han conseguido una generación de ucranianos que erige monumentos a Bandera y derriba los de Lenin. Pero no están superando el examen de ingreso en la ultratolerante y democratísima Europa: el país que parió a Femen sigue sin soportar el día del orgullo gay.

 

Eloy Fontán, Donetsk, 20 de julio