Sobre la “contracultura” Яusa Jul10

Sobre la “contracultura” Яusa...

Si la Rusia superficial es incompresible, la underground levanta la boina   Aleksei Balabanov Andrey Makarevich Artemy Troitsky Toda guerra tiene su batalla mediática, sus combatientes son personalidades públicas. Andrey Makarevich , sujeto permanente del mítico grupo de rock soviético y ruso“Mashina vremeni”, se fue de gira “por Ucrania” y “por la paz”. Recibió un solemne guitarrazo de un comandante ucraniano en su concierto de Jarkov del 8 de mayo. Makarevich no es el único artista que flirtea con Kiev. Aquí analizaremos algunos de los entrevistados en España, cuyo “look” les permite colarse en publicaciones progresistas. Hace 6 años recibimos a Aleksey Oktiavrinovich Balabanov en el festival de cine de Gijón. En “carga 200” (baja militar) pretende “acabar con toda nostalgia soviética” y enseñar “la suciedad en la que vivíamos”. Más o menos como Gaydar, quien reconoció en su lecho de muerte que las reformas económicas que él impulsó perseguían “crear una clase de propietarios que impidieran la vuelta al comunismo”. En fin, Balabanov combina el desprecio por la “suciedad en la que vivamos” con el culto a la violencia de los años 90: “el publico ruso se deja atrapar por una historia de acción y violencia que ya no sucede en los lejanos escenarios de las ciudades norteamericanas…”, escribía Diagonal respecto a la obra de Balavanov, como si el supuesto valor estético de la violencia dependiera del color político de quien la ejerce. Una obra descontextualizada, incapaz de arrojar luz sobre las guerra de Afganistán, Chechenia o los convulsos años 90, adecuada para un público privado de perspectiva histórica, despolitizado y apático, justo el que necesita la oligarquía ¿no será esa la llave del triunfo comercial? Desde luego una buena credencial es predicar el anticomunismo a los 4 vientos: “la película se abre...

De cómo Vladimir Putin invirtió la estrategia de la OTAN...

Ante la guerra económica que le impone la OTAN, Rusia reacciona como lo haría ante una guerra clásica. Primero, se dejó alcanzar por las sanciones unilaterales, siendo esa la mejor manera de llevar el adversario hacia el terreno que ella misma había escogido. Al mismo tiempo, concluyó con China una serie de acuerdos que garantizan su futuro. Y después hizo lo mismo con Turquía, para desorganizar la OTAN. Como ya sucedió en el pasado, durante sus enfrentamientos con Francia y Alemania, la derrota inicial de Rusia podría garantizarle la victoria final. En 2007, durante la cumbre anual sobre la seguridad organizada en Munich por la Fundación Bertelsmann y la OTAN, el presidente Vladimir Putin había subrayado que el interés de los europeos del oeste no era únicamente aliarse con la otra ribera del Atlántico sino también, y sobre todo, con Rusia. Desde aquel momento, Putin se ha esforzado constantemente por establecer relaciones económicas con Europa occidental, como la construcción del gasoducto North Stream, bajo la dirección del ex canciller alemán Gerhard Schroder. Por su parte, Estados Unidos ha hecho todo lo posible por impedir ese acercamiento, incluyendo la organización del golpe de Estado de Kiev y el sabotaje del gasoducto South Stream. Según la prensa atlantista, Rusia se ha visto gravemente afectada por las «sanciones» unilaterales –que en realidad son actos de guerra económica– impuestas en ocasión de la incorporación de Crimea a la Federación Rusa y de la destrucción del Boeing 777 de Malaysia Airlines, así como por la caída de los precios del petróleo. El rublo ha perdido un 40% de su valor, las inversiones inútiles realizadas en el gasoducto South Stream representan una pérdida de 4 500 millones de dólares y el embargo contra los productos alimentarios ha costado 8 700 millones de dólares. Según asegura la prensa atlantista, Rusia está hoy arruinada y políticamente aislada. De lo que no habla la prensa atlantista es de las consecuencias de esta guerra económica para los países...

Guerra nuclear y rol de Rusia en Ucrania...

En todo el orbe, y especialmente las fuerzas progresistas, se hacen una pregunta que parece no haber sido respondida con claridad: ¿por qué Rusia, insultada, sancionada, violadas sus fronteras, calumniada, atacadas sus delegaciones diplomáticas, asesinados sus periodistas, masacrados los rusos étnicos en Ucrania, es decir, agraviada en grado extremo por la Red House y la Unión Europea, no ha reaccionado proporcionalmente?¿Cómo es posible que un país soberano y su Gobierno acepten que un país extranjero continúe su injerencia, humillándolos al ordenarles la posición militar que deben tener sus tropas y manifieste que no las tolerará cercanas a las “fronteras propias” incluso, es decir, cercanas a los rusos originarios que habitan el este de Ucrania?(1) Al respecto se pueden dar como mínimo cinco respuestas comprensivas, aclarando que poseen un carácter tentativo por lo complejo de la temática: una, que el Gobierno ruso no quiere arriesgarse por ningún pueblo que no sea el suyo; dos, que no posee el armamento militar o la defensa adecuada ante contrincantes fuertes; tres, que posee un alto temor ante la guerra mediática que alcanza a una parte importante del mundo; cuatro, que esta crisis la afectará de modo económico determinante y la mentalidad del capital es suprema; cinco, que sabe exactamente la inestabilidad mental de las élites transnacionales y su amenaza nuclear. La primera respuesta, evadir su compromiso por otras naciones, no es tan evidente pues en los foros internacionales se ha sostenido una posición de defensa de los pueblos sirios, iraníes, palestinos y otros, iniciando una estrategia de relaciones justa en amplios campos de cooperación con las naciones que se encuentran más agredidas por la Casa Roja y la Tríada (Inglaterra-Francia-Alemania). El caso de Crimea demuestra que cuando hay que actuar se realiza la definición de forma precisa, concreta,...