Cuando los anarquistas saltaban el muro de Berlin para entrar en la RDA – Escapando del “mundo libre” Sep16

Cuando los anarquistas saltaban el muro de Berlin para entrar en la RDA – Escapando del “mundo libre”...

Corrían los últimos años de la “Guerra Fría” y era constante la insistencia de la prensa oficial en hacer públicos los supuestos numerosos casos de personas que huían del “infierno comunista“ de la Alemania Oriental. Entre toda esa información tendenciosa no tenían cabida el relato de sucesos como los que se exponen a continuación.   Saltando el muro de berlin para entrar en la RDA – Escapando del “mundo libre” El 1 de junio de 1988, más de doscientos jóvenes de la Alemania Occidental ocupaban una parcela de tierra cercana al Muro de Berlín que pertenecía al Estado alemán. Los políticos de la RFA proyectaban construir una colosal autopista que atravesase la ciudad, pasando por encima de estos terrenos. Los jóvenes que ocuparon esa parcela de tierra y la policía anti disturbios respondió de forma brutal, con gases lacrimógenos y tanques de agua. Tras varias horas de luchas por la zona, los jóvenes (pertenecientes a grupos ecologistas y anarquistas) escalaron el Muro buscando en la Alemania socialista refugio de las brutales agresiones de la policía de la Alemania del Oeste. Una publicación comunista llamada “Workers Vanguard” se hizo eco del suceso al que título irónicamente: Escape from the “free World” (Escapando del “mundo libre). Fue el “mundo al revés”, de acuerdo a la Deutsche Presse Agentur, principal agencia de noticias de la Alemania Occidental. En la madrugada del 1 de julio se produjo algo inusual,  alrededor de doscientos jóvenes trepaban el “Muro de Berlin” en dirección  al Berlin Oriental con el fin de escapar de un asalto brutal por la policía del “Occidente libre” ( Berlin Occidental ). Con vallas policiales, como escaleras improvisadas, consiguieron llegar a la parte superior de la pared, donde un joven ondeó la bandera de Alemania del Este en contestación...

Los Libertarios y las lecciones del Golpe de Estado en Chile (11 de Septiembre de 1973)...

El siguiente, es un artículo originalmente redactado para una edición de la revista anarco-comunista chilena Hombre y Sociedad especial por el 30 aniversario del Golpe de Estado y la inauguración de la dictadura de Pinochet. Este número, por una serie de razones, nunca apareció y el artículo no fue utilizado, salvo como base para redactar un documento del Congreso de Unificación Anarco-Comunista el cual fue distribuido en las manifestaciones de aquel entonces (2003). Lo reproducimos en esta ocasión, pues creemos que nunca se puede insistir lo suficiente en la necesidad de aprender de las dolorosas lecciones que nos deja la dictadura pinochetista y el Golpe que la llevó al poder. Hoy, a 35 años de tan fatídico acontecimiento, la urgencia de dar esta discusión se mantiene. Por último, hemos decidido añadir al artículo, una entrevista a uno de los dirigentes históricos del movimiento poblacional, y militante del MIR (Movimiento de Izquierda Revolucionaria), Víctor Toro, publicado en época de la Unidad Popular por la revista Punto Final. Creemos que hay elementos de reflexión interesantes que dejan ver los procesos subterráneos que se incubaban en la experiencia reformista y que marcaban probables puntos de fuga desde el movimiento revolucionario.   Los libertarios y las lecciones del golpe militar de Chile   El Golpe militar en Chile ha sido un proceso de la más honda significación, que cambió el rostro del país y la subjetividad de nuestro pueblo; que incorporó profundas reformas al sistema de explotación de la clase trabajadora, y que puso el aparato productivo de cabeza, modernizándolo, en un sentido capitalista, para satisfacer mejor las necesidades de ganancia de la parásita clase patronal. Por ello se hace necesario que los revolucionarios sean capaces de extraer las necesarias lecciones de este doloroso proceso, con fines de no volver a cometer los mismos errores que permitieron que tal proceso sucediera como sucedió, y que nos sirva para pensar, a futuro, un proyecto social transformador, que resuelva en favor del pueblo el conjunto de profundas contradicciones que hoy dividen nuestra sociedad. Hoy en día es necesario conocer en profundidad los procesos que se han activado con el Golpe y qué significan para la elaboración de un proyecto libertario. Hoy, que el Gobierno a través de todos los medios a su disposición, habla de reconciliación, perorata a la cual se une la derecha a coro, tenemos que tener muy en claro lo que ello significa. Significa sólo su voluntad de borrar de la memoria histórica el duro shock al que se vio sometida la clase trabajadora de nuestro país en el tránsito al capitalismo neoliberal. Significa, a lo más, el deseo de parte de la burguesía de reconciliarse con SU PROPIA CONCIENCIA y blanquear así las manchas de sangre popular que la tiñen. Pero en ningún caso significa un gesto de querer abandonar el modelo que tantos beneficios le ha reportado, ni podemos esperar que la burguesía tome tal iniciativa, pues tal cosa, sería un acto suicida de su parte. Entonces, el discurso de la reconciliación es, por fuerza de los hechos, un discurso absolutamente ajeno al pueblo y sus intereses. Hablar de reconciliación en el Chile de hoy, aunque se intente en cuanto discurso, disfrazar de “izquierda”, no es más que claudicar frente a la hegemonía empresarial y burguesa. Lo de la reconciliación no nos va ni nos viene, pues ¿qué hay que reconciliar? ¿Es posible reconciliar los intereses de las clases antagónicas? ¿Es posible reconciliar los intereses de quienes quieren igualdad y libertad, con los que han puesto dictaduras y están interesados sólo en su ganancia, aunque ello acarree la miseria generalizada? No, sabemos que no es posible. Y tan grave como ello, el discurso de la reconciliación no sólo significa un blanqueamiento para la transición al neoliberalismo, borrando la sangre que ha quedado en el camino, sino de uno u otro modo, implica asumir los “errores” de ambas partes; y nos quieren hacer creer...

La epidemia de rabia en España (1996-2007)

“En general, cada enunciado del insurreccionalismo tuvo una traducción grotesca en suelo ibérico, o al menos esa es la percepción colectiva que ha quedado. Muchos compañeros definen este fenómeno con una curiosa expresión: «la informalidad mal entendida». […] Y, con todo, el insurreccionalismo enunciaba ciertas verdades que hoy nos parecen avances sin vuelta atrás. […] Entre éstos, ya hemos mencionado la comprensión dinámica de la organización y el rechazo de la alienación militantista. Quisiéramos añadir ahora la idea de que en las condiciones actuales una práctica anticapitalista y subversiva no puede quedar anclada en la espera de las «masas», de la adhesión de sectores amplios de población, ni fiar a ésta todas sus perspectivas de futuro”.   Que nos quiten lo bailao (presentación) Créame usted que tal como operamos nosotros, al margen de la ley, todo lo que no sea la más estricta honradez podría traernos fatales consecuencias. Jack London, Asesinatos S.L. Desde hace tiempo, algunos compañeros sentimos la necesidad de hacer balance de la experiencia acumulada en el Estado español por sectores de militantes anarquistas, comunistas y autónomos, que durante un cierto tiempo confluyeron en torno a una cierta idea «insurreccional». Esta necesidad nace de dos circunstancias. La primera de ellas es la evidencia de que se ha cerrado una etapa. No estamos en el mismo punto que hace diez años -ni siquiera cinco-, y queremos sacar las conclusiones pertinentes para afrontar mejor batallas que no están en un futuro brumoso, sino que ya se nos están echando encima. Para ello es imprescindible abrir un debate, o al menos provocar una reflexión. La segunda circunstancia que nos empuja a escribir es el absoluto desconocimiento de los hechos de los últimos diez años por parte de las nuevas generaciones de compañeros. Sobre este desconocimiento hay que decir que se debe en gran parte al grado de incomunicación internáutica que se ha impuesto entre nosotros, sustituyendo casi por completo al contacto y conocimiento directos. Pero da también la medida de nuestro fracaso en levantar referentes con los que estos compañeros pudieran sentirse identificados: proyectos de lucha y polos de agregación que hubieran dado continuidad y profundidad a un esfuerzo combativo que no fue pequeño. Ese fracaso es el de lo que durante un tiempo se dio en llamar «organización informal», y con la perspectiva que dan los años nos damos cuenta de que era un fracaso inscrito en los mismos presupuestos de los que partíamos. A pesar de ello, no lamentamos nada, no creemos haber perdido el tiempo ni que lo hayan perdido nuestros compañeros. Hoy es muy fácil contemplar un montón de cenizas y decir que «todo fue un error», que al personal simplemente «se le fue la olla». Esta falsa crítica olvida, por interés o por ignorancia, los condicionantes que operaban entonces. Nos devuelve al punto de partida -a las plomizas ilusiones del anarquismo oficial o a la alegre inconsciencia del antagonismo juvenil-, y por lo tanto prepara el terreno para que todo vuelva a repetirse en un plazo indeterminado, dentro de ese «tiempo cíclico» tan característico de los entornos políticos puestos al abrigo de la historia. Mucho más difícil, e incómodo para todo el mundo, es ensayar un análisis dialéctico de lo ocurrido. Las condiciones de las que partíamos no dejaban otra salida que la que afortunadamente se produjo. La epidemia de rabia no fue otra moda estética/ideológica del gueto: todas las hipótesis que se formularon por entonces fueron puestas a prueba hasta las últimas consecuencias. Aunque los resultados fueran a menudo desastrosos, ahí se funda una experiencia colectiva digna de tal nombre, y por eso mismo es posible la autocrítica. En cuanto a resultados positivos, están lejos del maximalismo que llegó a enajenarnos en tantas ocasiones, pero están ahí. Estos años han permitido superar definitivamente dos décadas de inercia y parálisis del movimiento libertario de las que fuimos involuntarios herederos. Pero sobre todo han servido para...