¿”Deuda legal” frente a “deuda odiosa”?: la deuda es toda del imperialismo hacia nosotros...

Liberación nacional y de clase son un solo proceso unitario en contextos donde la clase dominante externa subordina a la clase dominante parasitaria interna. Como enseña el Presidente Mao, patriotismo e internacionalismo son las dos caras de la misma moneda cuando se vive en un país oprimido cuyo Estado, sin embargo, es el Estado del imperialismo.     Nos hemos acostumbrado a oír hablar de deuda ilegítima y legítima; mientras la primera no iría con nosotros, la segunda sí habría que pagarla tras discernirla a través de auditorías científicas. Este dualismo se vuelve problemático en relación a España, donde la deuda contemporánea se precipita a través del siglo XIX acompañando la construcción del Estado liberal y su liza con el carlismo. Franceses e ingleses no dejaron de dedicarse a armar a ambos contendientes ni de proveer por los pasos pirenaicos a la Milicia legitimista, practicando sobre España una “política del equilibrio” que prolongó las contiendas civiles hasta hacer de ellas una auténtica “guerra de los 100 años”. El círculo dibujado por las potencias europeas era diabólico: el Estado se endeudaba para comprar armas y el fratricidio sin fin contra un enemigo artificialmente fortalecido iba debilitando al propio Estado en construcción, quien así acentuaba su entrampamiento financiero y al que volvían a vendérsele arsenales. Quedándose –pronto- las arcas vacías al ser atacadas por la estrategia de la devolución con intereses, la fracción isabelina de la clase dominante procedió a “vender los muebles”, convirtiéndose las fuerzas productivas en “letra de cambio” o en garantía del pagaré. Así se nos fueron las minas y las canteras mientras los europeos entraban en la composición de capitales en las ferrerías, “suplían” el vacío de un banco nacional, exportaban su propia maquinaria monopolizando a la vez las patentes de producción...