ERDOGAN: OBITUARIO POLÍTICO Jun20

ERDOGAN: OBITUARIO POLÍTICO...

  Sable de dos filos Racep Tayyip Erdogan ha sido el amigo insatisfactorio donde “el Gran Amigo Americano” sólo acepta al “mejor amigo del hombre”: el perro. Los artífices estadounidenses de las Primaveras acogieron al turco en calidad de rompehielos local y de coach de dotaciones para que, una vez “liberalizadas” las estructuras políticas y económicas de toda la región, pudiera hacer de publi-relations diplomático y de partenaire inversor. Mientras le era reservado su lugar, como a quien ha de recoger los despojos y morder sabrosos pedazos de carne que caen de la mesa de los amos, Erdogan soñaba con una nueva Siria des-estatalizada donde las personas, mutadas en “individuos” “dependientes de sí mismos”, hubieran de entrar cada mañana a producir en fábricas turcas para comprar después esas mercancías turcas más otras importadas. Estos excesos de avidez sobre el botín incomodaban a los Clinton, los Biden y los Obama, con el crono a la contra: lograda la remodelación medio-oriental, los capitales estadounidenses iban a necesitar años de reconversiones si deseaban empezar a rendir allí. La exportación rentable de Capital turco, en cambio, podía ser inmediata. Se quería al Erdogan subsidiario; se temía al Erdogan competidor. La proximidad geográfica hacía del último un aventajado. También aventajaba en virtud de las entradas económicas y comerciales ya establecidas previamente con Siria durante la etapa “de apertura”. No hay que negar, en fin, cierta empatía sociológica sectorial cosechada en la República Árabe. Todas estas utilidades hacían de Erdogan un arma de dos filos para los estrategas de la Administración demócrata. Los técnicos liberal en reactivar el ciclo de ampliación de capitales yankies sabían que Turquía sí realizaba con eficiencia la acumulación ampliada, y que necesitaba producirse mercados para sí. El problema estadounidense era de hipo-estímulo a la inversión....

LA TRIBU DE NAFTALI Y SUS FUNCIONARIOS: Sobre la voracidad neo-mesiánica con el Golán...

      Recientemente el Ministro israelí de Educación, Naftali Bennett, con su cara de ruso, o jázaro, o caucásico, tal vez turquemano, llamó al reconocimiento internacional de “la soberanía israelí sobre el Golán”. El askenazi añade nada menos que: “Las fronteras están cambiando diariamente. Siria ya no existe en tanto que Estado, así que ahora es el momento para esta iniciativa”. Ironías de la historia, Naftali comparte nombre con aquella tribu de ascendencia jacobita que, según los fabulados mapas antiguo-testamentarios, se habría asentado sobre el Golán y otros territorios cananeos septentrionales más o menos colindantes al territorio de Dan (tribu de Daniel). El paralelismo podrá ser considerado un dato ocioso por quienes ignoren el neo-mesianismo hoy al mando en la política israelí. Éste considera un requisito escatológico la judaización integral de las tierras anudadas bajo la mítica frontera del “reino de Israel y Judea”, o “Israel bíblico”. Asistimos a un preparativo de invocación en toda regla. Añádansele las consideraciones geopolíticas, acuíferas, extractivas u orográficas que se quiera. Los sirios drusos, quienes componen la mayoría poblacional golaní, formaron milicias contra el brazo armado del neo-mesianismo, que, para esta campaña y por el momento, no es sobre todo la Tsahal, sino las brigadas de al-Nusra. Los drusos de toda la Siria meridional (ocupada o soberana) saben que su destino es el exterminio y la expulsión de imponerse Jerusalén (y digo Jerusalén, aún más que Tel-Aviv). El Estado sirio sabe, por su parte, que la “normalización” internacional del manejo israelí sobre los Altos del Golán sofisticaría este territorio en su condición (ya actual) de lanzadera por la demolición de la República árabe Sira y por su desguace de facto en un puñado de órbitas político-territoriales. Las auto-desveladoras palabras de Naftali (en el sentido de imbricar el...

El trasfondo sionista de la reciente idea de pseudo-Estado palestino...

    Introducción Hace unas semanas diversos parlamentos europeos sorprendían a muchos con sus iniciativas de reconocimiento a un futuro Estado palestino, deriva que culminó en una proposición formal desde el estamento común de la Unión. En el amplio consenso mostrado a través de los noticieros, destacaba el Ministro español de Asuntos Exteriores, José Manuel García-Margallo, repitiendo en una declaración extra los elementos discursivos confluyentes de cada entrevistado. Podemos agruparlos en cuatro vectores básicos: “Se trata del reconocimiento de un derecho” (apelación al principio de legitimidad en materia de Relaciones Internacionales y legitimación retroactiva de Israel); “Bueno para el desarrollo de la región” (llave económica de apertura, que más abajo comentaremos); “Así como para su equilibrio” (control sobre las contradicciones inter-actoriales regionales y funcionalidad que estas contradicciones presentan para el actor externo con voluntad de poder, a quien iremos desvelando); “Será un elemento de estabilidad y de paz” (marco funcional indispensable a lo anterior). A los días, nada menos que Barack Obama lanzaba una propuesta para la suspensión del tradicional veto estadounidense en la materia. Las iniciativas contrastan con el sintomático silencio mostrado a fecha de hoy por el muy filo-saudí Gobierno francés (articulador, en el reino árabe, de grandes inversiones monopolistas galas sobre todo infraestructurales). Algunos recuerdan el apadrinamiento francés que puso la primera piedra, en 1986, del proyecto de creación de un Estado con avanzadilla de apoyo en una Autoridad Nacional Palestina. Ésta hubo tenido a Francois Mitterand como anfitrión y maestro ceremonial en sus actos fundacionales. Pero mucho ha cambiado el planteamiento francés al interior de las contradicciones intestinas al sionismo, que degeneran ya en brecha antagónica entre concepciones reservadas a Israel y a su rol regional. Hace pocos años el Departamento de Estado desclasificaba en Washington un documento de asesoría a...

Geopolítica de la guerra contra Siria y de la guerra contra Daesh...

Este análisis expone las causas geopolíticas del fracaso de la guerra contra Siria y los verdaderos objetivos de la supuesta guerra contra el Emirato Islámico. Es especialmente clarificador para quien aspire a entender el panorama de las relaciones internacionales en este momento y los conflictos en el Levante (Irak, Siria y Líbano).     Las tres crisis en el seno de la coalición estadounidense En este momento estamos viendo la tercera crisis que tiene lugar en el bando de los agresores desde el inicio de la guerra contra Siria.  En junio de 2012, durante la conferencia Ginebra I, que debía iniciar el regreso a la paz y organizar una nueva repartición del Medio Oriente entre Estados Unidos y Rusia, Francia –donde Francois Hollande acababa de ganar la elección presidencial– planteó una interpretación restrictiva del comunicado final de aquel encuentro. Y después organizó la reanudación de la guerra, con la complicidad de Israel y Turquía y con el apoyo de la secretaria de Estado Hillary Clinton y del director de la CIA David Petraeus.  Cuando el presidente Barack Obama sacó del juego a Hillary Clinton y David Petraeus, Turquía, junto con Israel y Francia, organizó el ataque químico en las afueras de Damasco, atribuyéndolo a Siria. Pero Estados Unidos se negó a dejarse arrastrar a una guerra punitiva.  En una sesión secreta del Congreso realizada en enero de 2014, Estados Unidos impuso la aprobación del financiamiento y la entrega de armamento a Daesh [1], grupo yihadista al que se le asignó la misión de invadir la parte sunnita de Irak y la parte de Siria donde viven los kurdos. El objetivo era dividir esos dos grandes Estados. Francia y Turquía armaron entonces al grupo representante de al-Qaeda en Siria (el Frente al-Nusra) para que atacara a Daesh y lograr así que Estados Unidos volviera al...

La prueba del algodón se evidencia en Siria...

Con sus diarias invenciones sobre “rebeliones populares”, “gobiernos sectarios” y bombardeos del “Régimen” contra población civil en Siria, los medios de comunicación del sionismo encendieron una bomba real de indignación y gregarismo entre pobladores y comunidades sunníes europeas. Las grandes agencias de prensa que ordenan agendas periodísticas locales sabían perfectamente lo que hacían al diseminar sus mentiras, estudiosas como han sido de la Escuela de Chicago y de su Teorema de Thommas. Según éste último, cuando una masa de personas otorga verosimilitud a una mentira, la mentira acaba generando idénticas consecuencias reales a las generables por una verdad. Y al son de este efecto-llamada tendido por los peliculeros productores de hechos, decenas de miles de musulmanes sunnitas han ido moviéndose hacia Siria e Iraq desde el Viejo Continente, no sin antes contactar con redes vehiculares de captación. Ministerios, policías, Inteligencias, fueron licenciosos. Dieron cobertura y amparo mientras los supuestos “muyahidines” iban a parar al gran “ejército libre” en construcción, que ha acabado por mostrarse trampolín hacia grupos terceros deseados por el sujeto itinerante. Acostumbrados a jugar con sentimientos, creencias, supersticiones e identidades proyectándolos en su circuito-global, a los maestros del espectáculo no se les ocurrió tomarse en serio la posibilidad de que otros estuvieran jugando con ellos en la materialización de sus fuerzas distintivas. En este sentido, el Estado Islámico es la genuina “prueba del algodón”: la verdad tendencial de la llamada “revolución siria”, o su Potencia aristotélica devenida Acto, tal y como la mariposa es al gusano la Potencia, sólo que al revés. The proof of the pudding is in the eating es un aforismo inglés que Engels reproducía en Anti-Dühring al intentar divulgar al máximo el contenido de la 6ª Tesis marxiana sobre Feuerbach. Pues bien: la sola visión del Estado Islámico...