LA ILÓGICA DE SIRIA

  Dicen las malas lenguas que el Gobierno sirio se dedica a demoler desde el aire las casas de sus ciudadanos. Tesis rocambolesca, si se tiene en cuenta la inexistencia de grandes consorcios constructores ni de promotoras privadas en el país. La inmensa mayoría del parque de vivienda es público. A diferencia de lo que ha venido ocurriendo en España, allí no es la finanza quien, bajo la forma del crédito (hipotecario o empresarial), concentra el grueso de plusvalías inmobiliarias. Recuerdo el caso de unos parientes: habían comprado un piso en Tartous por 500.000 liras (alrededor de un millón 300.000 pesetas entonces), que incluía electrodomésticos de cocina, también de fabricación nacional. Es el Estado quien hace la vivienda civil. Lo mismo vale decir para escuelas, hospitales, emplazamientos institucionales, polígonos, centrales energéticas y museos. Las estructuras significan décadas de destinar excedentes. La reconstrucción no es negocio: al revés, es inversión social en una coyuntura más que adversa para el país. ¿A qué la supuesta dilapidación?. ¿Acaso estará el Gobierno de la RAS invadido del espíritu ritual del Potlatch?. Cuando se nos cuenta que los caza-bombarderos arrasan contra la población, la prensa está retando la lógica de los lectores. Se trata de esa misma población cuya mayoría acudió a decidir la actual composición parlamentaria, además de votar a Bashar en las presidenciales y decir SÍ a la nueva Constitución. ¿Para qué ser sádico?; ¿para qué regalar adhesiones al enemigo?. Más allá, ponerse a extinguir la población “propia” va contra la Razón de Estado cuando éste rige una economía grosso modo mercantil. Cuando las fuerzas nucleares del sujeto social han llegado a objetivarse como fuerza de trabajo, la superestructura política e institucional pasa a ejercer de “conservante” de su propia base material productiva, sean los gobiernos despóticos...

La represion del movimiento antifascista en Odessa May28

La represion del movimiento antifascista en Odessa...

Se ha extendido por Occidente la falsa percepción de que hay una sola guerra en Ucrania: una guerra entre los rebeldes anti-Kiev del este y el Gobierno de Kiev apoyado por Estados Unidos. Si bien este conflicto, con todas sus implicaciones geopolíticas y estratégicas, se ha llevado la gran mayoría de titulares de prensa, hay otro conflicto activo en el país: una guerra para acabar con cualquier disidencia y oposición al consenso oligárquico-fascista. Mientras en Occidente muchos que se hacen llamar analistas e izquierdistas debaten si realmente hay fascismo en Ucrania o si solo es propaganda rusa, se lucha una brutal guerra de represión política.     Las autoridades y los matones fascistas en quienes se apoyan han llevado a cabo de todo: desde intimidación física  a detenciones políticamente motivadas, arrestos, torturas y asesinatos selectivos. Todo ello bajo el auspicio de la unidad nacional, un cómodo pretexto que cada régimen opresivo ha utilizado desde tiempos inmemoriales para justificar sus actos. Leyendo la narrativa occidental sobre Ucrania, habría que perdonar a cualquiera por creer que el descontento en el país está limitado únicamente a la zona conocida como Donbass: las Repúblicas Populares de Donetsk y de Lugansk, como se han declarado. De hecho, hay buenos motivos para que la prensa muestre una imagen tan distorsionada de los hechos: la militarización encubierta y la legitimación de la falsa idea de que todos los problemas de Ucrania se deben a injerencias rusas. La realidad es que la ira y oposición al Gobierno de coalición oligárquico-fascista apoyada por Estados Unidos está profundamente instalada en gran parte de Ucrania. En política, económica y culturalmente importantes ciudades como Kharkov, Dnepropetrovsk o Kherson, existen siniestras formas de persecución política. Pero no hay otro lugar en el que la represión política sea...