El PSOE, clave de bóveda de la dominación. A 30 años del Referéndum de la OTAN...

El próximo 12 de marzo hará 30 años de la votación en el Referéndum sobre la permanencia del Estado español en la OTAN. Un ajustado resultado a favor del SI permitió que la Península Ibérica y sus archipiélagos se hayan convertido en instrumentos privilegiados de la estrategia imperialista euro-estadounidense en una escalada bélica sin precedentes desde el final de la II Guerra Mundial.     Cuando el ruido de los bombardeos se escucha cada vez más cerca, cuando en medio de criminales políticas de “austeridad” aumentan los gastos en Defensa y Seguridad al tiempo que se avanza en la jibarización de las pocas libertades que quedaban, en definitiva cuando guerra y fascismo vuelven a conformar las políticas de un capitalismo en crisis sistémica, es imprescindible tener bien identificados los hechos y sus responsables.   El “socialista” Javier Solana pasó de combatir la entrada de España en la OTAN a ser el Secretario General de la OTAN. El impasse político que ha sucedido a las elecciones del 20 de diciembre abre fundamentalmente dos posibilidades de gobierno en el Estado y en ambas aparece el PSOE. Una de ellas sería un “pacto de izquierdas” del PSOE con Podemos y otras fuerzas políticas. Esta opción es vista con esperanza por los sectores populares frente a la temida y más probable coalición PP-Ciudadanos-PSOE. En este artículo pretendo refrescar la memoria acerca de la abyecta trayectoria de la dirección del que fue el primer partido político de la clase obrera en temas cruciales para el escenario de guerra que se abre ante nosotros. La deriva política de Podemos hacia la indefinición política, extirpando cualquier propuesta rupturista de su discurso y de su programa, así como la de IU, ha sido analizada en otros trabajos. Sin embargo estimo que es necesario insistir en la caracterización del PSOE como partido que – en mucha mayor medida que el PP – siempre ha sido la clave de bóveda para garantizar que para las clases dominantes todo siguiera atado y bien atado. La confirmación de la integración en la OTAN y la entrada en la CEE, ambos hechos sucedidos en 1986, constituyen para muchos analistas el fin de la Transición. La consumación de la incorporación de España en las estructuras claves del “Bloque Occidental” culminaba la derrota infligida por las clases dominantes de la Dictadura – a las que se sumaba una nueva burguesía surgida de las privatizaciones del PSOE – a una clase obrera que pudo amenazar con convertir el final del franquismo en un proceso con tintes revolucionarios tanto o más serios que los que alumbró la “Revolución de los Claveles” en 1974. Los elementos claves de este proceso denominado como Transición, y justamente ensalzado por todos los poderes establecidos, fueron la complicidad del PCE (1)– que controlaba los resortes fundamentales del movimiento obrero y popular – y la recreación del PSOE. En 1979 el PSOE conmemoraba el centenario de su fundación con el curioso lema “100 años de honradez”. A un observador desinformado de la época le hubiera extrañado que tras una durísima dictadura, un partido “socialista y obrero” exhiba como hecho identificatorio el que sus dirigentes no hubieran metido la mano en la bolsa pública (2), cuando obviamente no habían participado en gobierno alguno desde la II República La sabiduría socarrona de una clase obrera que se había forjado en la dura lucha contra la Dictadura sobre la hegemonía comunista, iba a arrojar luz y completar tan escueto lema: “100 años de honradez…y 40 de vacaciones” Y es que efectivamente el partido de Pablo Iglesias creado, como otras organizaciones socialistas, al calor de la Comuna de París – primer intento de “asaltar los cielos” – y de raíces genuinamente marxistas, estuvo desaparecido durante las cuatro décadas de la Dictadura. Sobre esa ausencia casi absoluta del PSOE y la UGT de las duras luchas obreras y populares, que fueron minando el Régimen y confiriendo a...

¿Por qué la derecha continúa ganando los sondeos?...

Los ultraconservadores siguen ancabezando las encuestas (a propósito de la última encuesta del Centro de Investigaciones Sociológicas).   Curiosas paradojas la de esta peculiar “democracia” de partido único bicéfalo. Según se desprende de la última encuesta que publicó el 3 de mayo el Centro de Investigaciones Sociológicas, si se celebraran hoy elecciones el partido  de Mariano Rajoy obtendría el 34% de los votos. Es decir, la organización de la derecha tradicional española apenas perdería un punto en relación con la encuesta realizada el pasado mes de enero. Lo sorprendente es que en el transcurso de estos 120 días han ocurrido muchas cosas. Entre otras, un agravamiento continuado y persistente de la situación económica; un abrumador  crecimiento del paro en cifras que alcanzan los centenares de miles; el alucinante asunto Bárcenas; el endurecimiento de la represión en la calle etc., etc., etcétera.  Del resultado de  las  encuestas del CIS podría uno llegar a deducir que el gobierno de Mariano Rajoy posee mayor capacidad de sobrevivencia que las cucarachas después de una guerra termonuclear. En cambio, el PSOE, que hace lo indecible para poder “comunicarse” con la sociedad a través de una verborrea seudo revolucionaria impropia de su naturaleza socialdemócrata, no sólo no avanza en la estimación electoral de los potenciales votantes , sino que retrocede nada menos que dos puntos, situándose en un escuálido 28, 2%. Estos datos ponen de relieve -siempre según la encuesta realizada por la institución estatal- que se ahonda la distancia entre las dos facciones del partido único gobernante. Sin embargo, según el CIS, el panorama que hay más a la izquierda no resulta tampoco muy alentador. Izquierda Unida, cuyo Coordinador Cayo Lara proclamaba hace unas pocas fechas su convicción de superar en votos  al mismísimo PSOE, apenas obtendría un 9.9%, todavía distante de aquel 11% –  con 2.639.000 votos –  obtenido por Julio Anguita en una época en la que todavía  no acuciaban las garras de la crisis económica capitalista. Sea como fuere, no es tampoco cuestión de prestarle mucha atención a esto de los sondeos electorales. Por varias razones. En primer lugar, porque los resultados de estas consultas se cuecen primero en las cocinas de los técnicos y sociólogos que preparan las preguntas. Y en segundo lugar, porque en esta sociedad del espectáculo,  como la llamaba Guy Debord, la denominada “opinión pública” se fabrica también en los laboratorios mediáticos  de las grandes empresas de la comunicación. Cierta “izquierda”, pese a la enorme experiencia histórica acumulada por  sus  ancestros políticos  a lo largo de una férrea  dictadura,con un control omnímodo  de los medios de comunicación – desde  los púlpitos hasta  la TV -, ha olvidado que su campo de batalla no se encuentra dentro del cuadrilátero mediático existente. En ese espacio estará  siempre en inferioridad de condiciones. La  izquierda que pone su  voluntad  en revolucionar la sociedad, en acabar con las estructuras socioeconómicas existentes, no ha encontrado nunca sus aliados en los medios de difusión situados en los aledaños del poder. Aquello que se dice en determinados ámbitos de  que “si no sales en los medios  no existes”,  solo será cierto  en la medida  que las fuerzas  políticas empeñadas en poner al revés las estructuras  permanezcan sin conexión con la base de la que pretende  lograr su apoyo.  En la historia del capitalismo  los revolucionarios han librado siempre  la contienda  política y propagandística  trabajando “desde abajo”, desde los centros de trabajo, desde los barrios, desde  las aulas, desde la vida cotidiana.  Es cierto que este trabajo  es  laborioso y esforzado, pero es también más seguro y duradero en el tiempo. La “conciencia del cambio”  no brota de las alas del Espíritu Santo, sino de la lenta  labor politica y callejera de aquellos que han sido precoces en el descubrimiento del sentido de la historia. No se trata de una opinión, lo clama la experiencia histórica de generaciones enteras. Lo demás son ilusiones, estériles ilusiones.   Manuel Medina para...