70 aniversario de la Victoria...

“22 de junio, exactamente a las 4, bombardearon Kiev, nos anunciaron que empezó la guerra…” canta un vals soviético sobe la II Guerra Mundial. Cierto es que el Ejército Rojo no brilló por su eficacia al principio de la guerra y que solo en el 44 llevó a cabo operaciones redondas, como en la batalla de Bielorussia. Pero que Stalin conocía el día y la hora del ataque sorpresa alemán por boca del Sorge y no se preparó, suena ilógico. (https://es.wikipedia.org/wiki/Richard_Sorge)     La guerra no empezó por sorpresa. Serguy Dolgushin, piloto de I-16, cuenta: “Los alemanes se comportaban muy mal… cruzaban la frontera… vimos a dos 5 km adentro… nos ordenaron disparar y derribé a uno. Al día siguiente, guerra”. Más allá de lo anecdótico, la Unión Soviética y Alemania ya llevaban años enfrentándose en suelo español.     En nuestro imaginario las purgas y el autoritarismo de Stalin impidieron a la URSS enfrentar adecuadamente la guerra y el pacto Ribbentrop-Molotov supone la más sucia estrategia de una personalidad enferma. Sin embargo, desde Rusia se ve de otra manera: “Al final de 1933 Alemania, Francia, Italia y Gran Bretaña firmaron el “Pacto de los 4”. Si hasta entonces Alemania no tenía ni flota, ni tanques, ni aviones (de acuerdo con los tratados de Versalles), ahora a Hitler se le permitió todo. El dinero y las armas para la organización de un ejército agresivo lo puso Occidente, mientras Hitler creaba un estado de ideología salvaje. Lo prohibido se volvió legítimo en Alemania: ingleses y norteamericanos vendieron la tecnología y los materiales que permitieron levanta las fabricas de guerra… se le permitió a Hitler violar el Tratado de Versalles, puesto que apuntaba sus armas al Este. En 1938 Hitler anuncia la “anexión” de Austria, que Inglaterra...