“Revolución” siria vs Revolución en India: un análisis comparativo de contraste Feb26

“Revolución” siria vs Revolución en India: un análisis comparativo de contraste...

La revolución en India no sale por televisión. Precisamente por eso; porque es revolución. No hallamos orondos Emires surtiéndola de petrodólares, ni vemos a la Unión Europea armándola, ni a la CIA entrenando a “revolucionarios” desde suelo fronterizo. Israel, quien emplea la franja supuestamente “desmilitarizada” del Golán como trampolín, coladero, reserva y sanatorio de “revolucionarios” contra Siria, colabora al mismo tiempo con el Pentágono en la contratación de mercenarios anti-comunistas, algunos vía Pakistán, a los que interna en la Península indostánica.     Loe la prensa del sionismo con mayor o menor ahínco a “los rebeldes sirios”, el mínimo común denominador presentado por estos medios de masas consiste en la demonización del ejército árabe sirio y de su función de defensa nacional frente a la agresión al país (“el ejército del Régimen”, “el ejército de Al-Assad”, “el ejército alawí”…). Paralelamente, leemos y escuchamos idéntica demonización periodística de los comités populares de defensa, población civil que pidió armas al Estado sirio para así proceder a la auto-defensa popular (“los paramilitares de Al-Assad”, “los leales armados”, etc.). A su vez, los periodistas y las ONGs (como el discurso mantenido por Médicos sin Fronteras) dan falaz estatuto de “bando sirio en conflicto” a los mercenarios del “Ejército” “Libre” “de Siria”, 100% desarraigados del Pueblo sirio (y de cualquier otro Pueblo) y ferozmente adversos al Pueblo. Esta prensa del Imperialismo es la misma que, cuando en alguna contada ocasión se ha referido a India, oculta a las clases populares indias organizadas en el Ejército Popular de Liberación tras la Categoría casi metafísica de “los maoístas” en abstracto; como si la base social 100% india del movimiento y del proceso fuera cosa de cuatro “cabezudos” que juegan con “la desesperanza de los excluidos y los miserables” (un argumento recurrente en los “análisis” de los “expertos” imperialistas en India). O como si los naxalitas fueran una especie de alienígenas que se la tuvieran jurada a los militares indios por no se sabe bien qué etéreo empecinamiento ideológico utopista alejado de la base material de la sociedad india. Hablar de la revolución naxalita en India es hablar del proletariado y semi-proletariado rural indios, de los campesinos sin tierra y de núcleos de apoyo popular urbano. Es también hablar de los autóctonos Adivasi, población tribal cosificada desde antiguo como Casta sirviente de la burguesía ciudadana, de los terratenientes feudales y de los cuadros hindúes que sucedieron a mongoles y a británicos entre el funcionariado estatal. Crecientemente expulsados de su hábitat por la actividad monopolista extractiva y agro-industrial, las poblaciones gentilicias Adivasi han comprendido la soldadura indisociable entre su emancipación particular gentilicia y la emancipación general del Pueblo indio sometido al Imperialismo, de modo que se han integrado en las fuerzas de la revolución. Por el contrario, la mal-llamada “revolución siria” acumula y re-acumula sus fuerzas a partir de la tupida red-enjambre por la que transitan mercenarios de 143 enclaves, desde Filipinas a Ceuta pasando por Mongolia, Chechenia y Azerbayán [1]. Los armados de esta “internacional” no poseen en común internacionalismo que valga; poseen en común puro confesionalismo, que niega ideológicamente el derecho de los Pueblos mientras afirma la fuerza impositiva del “fiel” sobre el territorio-despensa “desherejizado”. Aunque los símbolos no son por sí la radicalidad -lo profundo- ni pueden resumirla a ésta, sí que son manifestación coherente de la substancia, pues “toda forma es forma de un contenido” (Marx). Las masas proletarias y populares en pie en India sintetizan, allá donde pueden, su consciencia y su Horizonte como himnos comunistas y como bandera roja. También como hoz y martillo, el símbolo de la alianza de las clases explotadas productoras (proletariado y campesinado pobre), que son, ambas, Fuerza de Trabajo de facto (alienada como Capital Variable, el proletariado, y, el campesinado pobre, como productor, durante los periodos de plustrabajo, de excedente enajenado por el rentista). Pero que reivindican para sí consumar (realizar en Hegel) su Potencia (Aristóteles) como Fuerza Productiva de historia....

¿Por qué Francia quiere derrocar la República Árabe Siria?...

Analizando la historia de la colonización francesa en Siria y comparándola con las acciones de los presidentes franceses Nicolas Sarkozy y Francois Hollande es evidente que algunos dirigentes franceses pretenden hoy volver a colonizar la República Árabe Siria. Esta pretensión anacrónica y criminal está convirtiendo a Francia en uno de los Estados más odiados del mundo. Volviendo a los tiempos de la colonización Francia es en este momento la principal potencia que llama al derrocamiento de la República Árabe Siria. Mientras la Casa Blanca y el Kremlin negocian en secreto sobre la mejor manera de deshacerse de los yihadistas, París se obstina en acusar al «régimen de Bachar» (sic) de haber creado el Emirato Islámico y sigue afirmando que después de la eliminación de ese grupo yihadista habrá que derrocar la «dictadura alauita» (sic). Francia cuenta con el público respaldo de Turquía y de Arabia Saudita y, por debajo de la mesa, con el de Israel. ¿Cómo explicar esa obstinada persistencia en una posición perdedora, sabiendo que Francia no tiene nada que ganar, ni política y ni económicamente, en esta cruzada e incluso que Estados Unidos ya ha decidido renunciar al entrenamiento de combatientes contra la República, además en momentos en que Rusia está aniquilando los grupos yihadistas? La mayoría de los comentaristas han subrayado, con sobrada razón, los vínculos personales del ex presidente francés Nicolas Sarkozy con Qatar –padrino de la Hermandad Musulmana– y las estrechas relaciones del actual presidente galo Francois Hollande con el propio Qatar y, además, con Arabia Saudita. Tanto Sarkozy como Hollande se las arreglaron para que Qatar y Arabia Saudita financiaran ilegalmente sus campañas electorales y se han beneficiado con todas las facilidades que los gobernantes de esos países árabes han puesto a su disposición. También hay que recordar que Arabia Saudita posee ahora una parte nada despreciable de las empresas más importantes de Francia, lo cual quiere decir que si el reino saudita decidiese retirar bruscamente sus capitales de esas empresas, esa maniobra causaría gravísimos daños a la economía francesa. Quiero mencionar aquí otro factor que explica la absurda actitud del gobierno de Francia: los intereses coloniales de ciertos dirigentes franceses. Esta hipótesis exige que volvamos atrás en el tiempo. Los acuerdos Sykes-Picot Durante la Primera Guerra Mundial, los imperios británico, francés y ruso decidieron en secreto repartirse las colonias de los imperios austrohúngaro, alemán y otomano. Al término de una serie de negociaciones secretas en Londres, el consejero del ministro de la Guerra británico y superior jerárquico del personaje conocido como «Lawrence de Arabia», sir Mark Sykes, y el enviado especial del ministerio francés de Relaciones Exteriores, Francois Georges-Picot, deciden repartirse la provincia otomana designada como la Gran Siria e informan de ello al zar. Los británicos, cuyo imperio era de carácter económico, se adueñan de las zonas petrolíferas ya conocidas en aquella época y de Palestina, para instalar en esta última una colonia judía. El territorio que se asignaban los británicos se extendía sobre los Estados que hoy conocemos como Palestina, Israel, Jordania, Irak y Kuwait. Por su parte, el gobierno francés, dividido entre partidarios y adversarios de la colonización, admitía una colonización económica, cultural y política. Francia se apropió, por consiguiente, de los territorios correspondientes al Líbano y a la Pequeña Siria, donde más de la mitad de la población era cristiana y de los que la propia Francia se había declarado «protectora» desde los tiempos del rey Francisco I. Para terminar, se suponía que los lugares sagrados de Jerusalén y de San Juan de Acre serían internacionalizados, decisión que nunca llegó a aplicarse seriamente porque los británicos ya habían contraído compromisos que iban exactamente en el sentido inverso, pero principalmente porque su verdadero objetivo era crear un Estado judío para continuar su propia expansión colonial. Las «democracias» británica y francesa nunca debatieron públicamente esos acuerdos, que habrían resultado chocantes para el pueblo británico y habrían sido simplemente rechazados por el pueblo francés. Fueron los revolucionarios bolcheviques quienes revelaron la existencia de los Acuerdos Sykes-Picot, después de descubrir esos documentos en los archivos del zar. La revelación provocó la cólera de los árabes, pero los pueblos del Reino Unido y de Francia no reaccionaron ante las maniobras de sus gobiernos. La ideología colonial francesa La...

La falsa «crisis de los refugiados»

Mientras la prensa europea pulsa la cuerda emotiva difuendiendo fotos de un niño ahogado y publicando reportajes sobre las multitudes que cruzan a pie los países de los Balcanes, Thierry Meyssan muestra que se trata de imágenes fabricadas. Son imágenes que favorecen los intereses del patrón de patrones alemán, Ulrich Grillo, y de la OTAN, pero que no reflejan el fenómeno en su conjunto y empujan a los ciudadanos europeos hacia respuestas que no resuelven el verdadero drama. Una ola de emoción cayó brutalmente esta semana sobre los pueblos que viven en los países de la OTAN. Y bruscamente tomaron conciencia del drama de los refugiados que tratan de cruzar el Mediterráneo, tragedia que dura desde hace años, ante la permanente indiferencia de la opinión pública europea. El cambio se debe a la publicación de una fotografía que muestra al público el cuerpo de un niño ahogado, depositado por las olas en una playa turca. Poco importa que esa imagen sea una grosera escenificación: los cuerpos devueltos por el mar quedan en posición paralela a las olas, nunca perpendicularmente a ellas. Poco importa también que en menos de 2 días casi todos los diarios de los países de la OTAN hayan publicado instantáneamente la misma imagen en primera plana. Ya se sabe lo libre y pluralista que es la prensa occidental. Trabajando en el mismo sentido, las televisiones multiplicaron en estos días los reportajes sobre el éxodo de miles de sirios, a pie, a través de los países balcánicos. Particular atención prestaron al paso de esas personas a través de Hungría, país que comenzó construyendo una inútil valla de alambre de espino antes de tomar, una tras otra, toda una serie de decisiones contradictorias que dieron a las televisiones la posibilidad de filmar repetidamente la multitud de migrantes caminando a lo largo de las vías férreas y tomando los trenes por asalto. «En reacción» ante la conmoción que habían suscitado en sus conciudadanos, los dirigentes europeos, «sorprendidos» y contritos, ahora discuten acaloradamente sobre la manera de socorrer a estos refugiados. Antonio Guterres, ex presidente de la Internacional Socialista y actual Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados, intervino en el debate entre estos dirigentes preconizando «la participación obligatoria de todos los Estados miembros de la Unión Europea». Y agrega que: «Según estimados preliminares, los países europeos tienen una necesidad potencial de aumentar las oportunidades de reinstalación en 200 000 plazas.» ¿Cuál es realmente el problema? ¿Quién está explotándolo y con qué objetivo? Los refugiados del Mediterráneo Desde el inicio de la «primavera árabe», en 2011, el número de personas que trata de cruzar el Mediterráneo y de entrar en la Unión Europea ha aumentado considerablemente, sobrepasando incluso el doble de cifras anteriores, y se elevó en 2014 a 626 000 personas.     Sin embargo, contrariamente a la idea generalizada, no se trata de una oleada de migrantes nunca vista e imposible de asimilar. En 1992, aunque la Unión Europea se componía entonces de sólo 15 de los 28 Estados que actualmente la integran, estaba recibiendo proporcionalmente más migrantes que en este momento: 672 000 por 380 millones de habitantes. Existe, por lo tanto, un considerable margen antes de que los migrantes lleguen a desestabilizar la economía de la Unión Europea, que hoy cuenta 508 millones de habitantes. Más de 2 tercios de esos migrantes son hombres de entre 18 y 34 años, según sus propias declaraciones. Así que, por lo general, no se trata de familias.     Contrariamente a la idea que están divulgando los medios de prensa, menos de un tercio son refugiados provenientes de zonas de guerra. Sólo un 20% son sirios, un 7% son afganos y un 3% son iraquíes. O sea, los otros 2 tercios no provienen de países en guerra y son principalmente migrantes por razones económicas. En otras palabras, el fenómeno de las migraciones está sólo marginalmente vinculado a la «primavera árabe» y las guerras. Los pobres están abandonando sus países para probar suerte en los países ricos, en total correspondencia con el orden postcolonial y con la lógica de la globalización. Este fenómeno, después de haber disminuido desde 1992 y hasta 2006, se ha reactivado y ahora va en aumento. Pero lo cierto es que actualmente equivale a un 0,12% anual de la población...

Clinton, Juppé, Erdogan, Daesh y el PKK...

La reanudación de la represión contra los kurdos en Turquía es consecuencia de la imposibilidad, ya demostrada, de concretar el plan Juppé-Wright, planteado en 2011. Aunque resultó fácil desplegar el Emirato Islámico (Daesh) en el desierto y en las provincias iraquíes de Ninive y al-Anbar, mayoritariamente sunnitas, ha resultado imposible controlar los poblados kurdos de Siria. Para realizar su sueño de crear un Kurdistán fuera de Turquía, el presidente turco Erdogan no tendrá más opción que la guerra civil. Al llegar al poder en Ankara, en 2003, el partido islamista AKP modificó las prioridades estratégicas de Turquía. En vez de basarse en la correlación de fuerzas posterior a la invasión de Irak, Recep Tayyip Erdogan ambicionaba sacar a su país del aislamiento en que se hallaba desde la caída del Imperio Otomano. Basándose en los análisis de su consejero, el profesor Ahmet Davutoglu, Erdogan se pronunció por resolver los problemas con sus vecinos que llevaban un siglo pendientes y convertirse paulatinamente en un mediador regional al que sería imposible ignorar. Para eso, Turquía tenía que convertirse en un modelo político y establecer relaciones con sus socios árabes, sin renunciar a su alianza con Israel. Iniciada con éxito, esa política –llamada de «cero problemas»– llevó a Ankara no sólo a dejar de sentir temor frente a Damasco y su respaldo al PKK, sino a pedirle que le ayudara a negociar una salida de la crisis con los kurdos. En octubre de 2006, el partido kurdo declaró una tregua unilateral e inició negociaciones con el gobierno del entonces primer ministro Erdogan. En mayo de 2008, Ankara organizó negociaciones indirectas entre Damasco y Tel Aviv, las primeras desde que Ehud Barack rechazara el plan del presidente estadounidense Bill Clinton y del entonces presidente de Siria, Hafez el-Assad, negociaciones a las que puso fin el actual presidente sirio Bachar al-Assad cuando Israel atacó Gaza,...

LA ILÓGICA DE SIRIA

  Dicen las malas lenguas que el Gobierno sirio se dedica a demoler desde el aire las casas de sus ciudadanos. Tesis rocambolesca, si se tiene en cuenta la inexistencia de grandes consorcios constructores ni de promotoras privadas en el país. La inmensa mayoría del parque de vivienda es público. A diferencia de lo que ha venido ocurriendo en España, allí no es la finanza quien, bajo la forma del crédito (hipotecario o empresarial), concentra el grueso de plusvalías inmobiliarias. Recuerdo el caso de unos parientes: habían comprado un piso en Tartous por 500.000 liras (alrededor de un millón 300.000 pesetas entonces), que incluía electrodomésticos de cocina, también de fabricación nacional. Es el Estado quien hace la vivienda civil. Lo mismo vale decir para escuelas, hospitales, emplazamientos institucionales, polígonos, centrales energéticas y museos. Las estructuras significan décadas de destinar excedentes. La reconstrucción no es negocio: al revés, es inversión social en una coyuntura más que adversa para el país. ¿A qué la supuesta dilapidación?. ¿Acaso estará el Gobierno de la RAS invadido del espíritu ritual del Potlatch?. Cuando se nos cuenta que los caza-bombarderos arrasan contra la población, la prensa está retando la lógica de los lectores. Se trata de esa misma población cuya mayoría acudió a decidir la actual composición parlamentaria, además de votar a Bashar en las presidenciales y decir SÍ a la nueva Constitución. ¿Para qué ser sádico?; ¿para qué regalar adhesiones al enemigo?. Más allá, ponerse a extinguir la población “propia” va contra la Razón de Estado cuando éste rige una economía grosso modo mercantil. Cuando las fuerzas nucleares del sujeto social han llegado a objetivarse como fuerza de trabajo, la superestructura política e institucional pasa a ejercer de “conservante” de su propia base material productiva, sean los gobiernos despóticos...