Grecia: trascendiendo la caverna Jul22

Grecia: trascendiendo la caverna...

En estos últimos meses le salen a Grecia amigos por todas partes. Nada que objetar; todo lo contrario. Salvo que tales amigos podrían haberle salido hace treinta o cuarenta años.     La Caverna y su way of life virtual Durante décadas la sociedad helena y sus actividades fueron estructurándose según un patrón que podríamos llamar “de emulación imperialista”, o “imperialismo virtual”. El neologismo significa que Grecia, sin poseer una trastienda mundial donde ordenar la extorsión industrial y el pillaje, sí copió en su interior la fisonomía típica de países imperialistas en lo referido a sus trazos laborales, de redistribución estatal y prestaciones, de Olimpo mercantil, de diversificación del ocio, y de financiarización soft a la vida individual y doméstica. De este fenómeno, claro está, no tiene ninguna culpa el pueblo griego, a quien la Guerra Sucia estadounidense le impuso, a través de sucesivos coroneles golpistas, un rol de bastión frente al Bloque del Este, de torre de vigilancia sobre las evoluciones balcánicas y de contrafuerte blindado a la retaguardia israelí. Son dichas funciones dispuestas en calidad de parachoques y a la vez de plataforma de lanzamiento para la Inteligencia estadounidense y su espionaje, para sus maniobras de desestabilización, etc., las que determinaron en buena medida la estructura de esa “última frontera” atlantista (evocada, una vez más contra el persa, con el film “300”). A fecha de hoy se calcula en un 20% del censo de población activa los ciudadanos griegos que trabajan directa o indirectamente vinculados al ejército del país. Súmese a ello la pléyade de sectores circundando el tejido de bases militares (abastecimiento, transporte, mantenimiento, etc.). El gasto militar griego, pautado por la función geo-estratégica encomendada, triplica la media europea, pero tal inversión pauta a su vez la sociología económica y ocupacional...

La «crisis griega», vista desde Grecia Jul14

La «crisis griega», vista desde Grecia...

 Vista desde Grecia, lo único que la crisis griega tiene de “griega” es el nombre. Se trata de una situación en la que se encuentran en juego intereses estratégicos cuyo alcance va mucho más allá de los Balcanes y que actúa como una trampa en la que han caído los principales dirigentes de la Unión Europea. Ya que, si en efecto se trata de un rejuego geopolítico, las reacciones de Alemania y de sus aliados van a volverse contra ellos mismos y contra todos los europeos. «No moriremos por Dantzig», decían los franceses hace 70 años. «No pagaremos por los griegos», dicen hoy los alemanes. Y si en 70 años la fuerza del dinero reemplazó, en Europa, la fuerza de las armas, el resultado no es menos mortal para los pueblos. Tampoco es, a fin de cuentas, menos autodestructiva. El ataque contra Grecia iniciado por poderosas fuerzas «geoeconómicas», las del capital financiero totalmente liberado de toda forma de control, de un Imperio del Dinero en gestación, reviste a nivel mundial una importancia enorme, que sobrepasa ampliamente la dimensión de ese pequeño país. Es la primera de una serie de batallas que decidirán el futuro de los Estados y de los países europeos, el del ideal de una Europa unida, independiente, social, la de nuestra democracia y nuestra civilización. La interrogante a la que hoy se trata de responder, en Grecia, es saber quién va a pagar la deuda acumulada de la economía mundial, incluyendo la deuda vinculada al salvamento –en 2008– de los grandes bancos. ¿La pagarán los pueblos de los países desarrollados, aunque ello implique la supresión de los derechos sociales y democráticos conquistados a lo largo de 3 siglos de lucha, en otras palabras, sacrificando la civilización europea? ¿La pagarán otros países? ¿La pagaremos destruyendo el medio ambiente? ¿Prevalecerán los bancos ante los Estados o sucederá lo contrario? ¿Logrará Europa dominar nuevamente ese monstruo que...

Europa, desesperadamente desorientada...

Las decisiones de la Unión Europea contra la economía y las finanzas rusas –que por demás no «castigan» hechos sino simples sospechas– supuestamente deberían afectar la economía de Rusia en vez de las economías de los países europeos. Pero ese razonamiento se basa en comparaciones estadísticas completamente absurdas. La economía rusa es ciertamente más débil que la de la Unión Europea. Pero es auténticamente productiva y saludable mientras que la economía de la Unión –al igual que la de Estados Unidos– incluye en su Producto Nacional Bruto toda una serie de «productos financieros» carentes de valor real. Para Estados Unidos, lo más importante de todo lo que está sucediendo en Ucrania es que esos acontecimientos logren echar abajo las relaciones entre la Federación Rusa y la Unión Europea. En efecto, todas y cada una de las acciones de Estados Unidos no son otra cosa que intentos de alcanzar ese objetivo, recurriendo además a varios medios a la vez. Por un lado, Estados Unidos lanza llamados a la paz, permitiendo así a los criminales de Kiev redistribuir nuevamente sus tropas y dejando empantanados a aquellos a quienes habían prometido refuerzos después de sufrir –otra vez– una dura derrota en el frente. Pero por otro lado imponen «sanciones» [1] contra la Federación Rusa, sanciones que no sólo perjudican la economía rusa sino también la economía europea. Lo que estamos viendo es un caso muy interesante. Por supuesto, si nos remitimos a las cifras, las sanciones van a generar pérdidas que tendrán consecuencias más dolorosas para Rusia que para la Unión Europea, dada la enorme diferencia entre los presupuestos de ambas entidades. En ciertos sectores, sin embargo, parece que las «sanciones» serán incluso útiles a Rusia. En ese caso se halla, por ejemplo, la compra de los navíos portahelicópteros franceses clase Mistral, que sin dudas lastraría el presupuesto y las fuerzas armadas rusas [2]. En todo caso, hay muchos sectores donde las pérdidas...

Liberación de Homs, principio del fin de la agresión contra Siria...

La liberación de Homs, tercera ciudad en importancia de la República Árabe Siria, está lejos de ser un acontecimiento más en la guerra de la OTAN y del Consejo de Cooperación del Golfo contra ese país. El acuerdo sobre Homs entre la República Árabe Siria y sus agresores parece ser el preludio de un rápido fin de la guerra. Y puede venir acompañado de una redistribución de los papeles en el escenario regional. Los acontecimientos se siguen y se contradicen en Siria. A inicios de 2014, Washington sonreía al apadrinar la organización de la conferencia de paz Ginebra 2, mientras la saboteaba entre bastidores y cedía a todas las exigencias de Arabia Saudita. Aquello parecía indicar que la guerra se prolongaría mientras los países de la OTAN y del Consejo de Cooperación del Golfo (CCG) siguiesen financiándola. Sin embargo, un proceso de negociaciones de paz ha venido avanzando secretamente, desde hace 2 meses y por iniciativa de Irán. Su primer fruto es la liberación de Homs, que podría marcar el inicio del fin de esta guerra de agresión. Para una mejor compresión es conveniente rememorar el discurso oficial y situar en el marco de esta cronología los indicios de las negociaciones que se desarrollaban en aquel momento. Esto me dará también la oportunidad de corregir declaraciones anteriores que no podían conocerse por completo debido al secreto que rodeaba los contactos. Cuatro meses de la guerra contra Siria A inicios de enero, Washington estableció su estrategia para Siria. El presidente Obama reunió el Congreso –en secreto– y le hizo votar fondos para financiar la guerra hasta el final del año fiscal, o sea hasta septiembre. Este procedimiento inhabitual e indigno de un Estado supuestamente democrático se aplicó en secreto y a espaldas de la opinión pública estadounidense. Si logramos conocerlo fue únicamente a través de un solitario despacho de...

Unión Europea: Reforma o Ruptura

Cuando en 1986 ingresamos en la UE (entonces CEE) nos lo vendieron como la vía del progreso y la modernidad. Ahora, cuando el gobierno Rajoy nos empobrece y precariza en masa al dictado de Bruselas y Berlín, el PP y el PSOE siguen con la misma cantinela. Cuando en 1986 ingresamos en la UE (entonces CEE) nos lo vendieron como la vía del progreso y la modernidad. Ahora, cuando el gobierno Rajoy nos empobrece y precariza en masa al dictado  de Bruselas y Berlín, el PP y el PSOE siguen con la misma cantinela. Para otros, como Artur Mas y Esquerra Republicana, el  “Estado propio” catalán sólo tiene sentido como parte de una UE que, a su vez, se opone enérgicamente a la independencia. Y tenemos, finalmente, aquellos que, desde la izquierda, no conciben el mundo fuera de la UE y llaman a “refundarla” desde dentro. En ese campo está IU, la mayoría de las izquierdas nacionalistas y también Podemos.   Entramos a la UE al precio del desmantelamiento industrial de sectores fundamentales Pero la verdad es que, desde el principio, “entrar en Europa” tuvo el altísimo precio del desmantelamiento de sectores fundamentales de la industria. Eran los tiempos del “socialista” González y su ministro Solchaga (“la mejor política industrial es la que no existe”). Esa infraestructura industrial, clave para el desarrollo del país, fue desmantelada porque los países centrales europeos no querían competidores en ese terreno. Lo mismo fue sucediendo en la producción agrícola y ganadera. Como contrapartida, la industria europea, en primer lugar la alemana, se encontró con las puertas abiertas de par en par a sus exportaciones. En un proceso que iba a la par, el sector bancario español se concentraba alrededor del Santander, el BBVA y, por detrás, La Caixa,  mientras las grandes empresas estatales se privatizaban y comenzaban sus inversiones en Latinoamérica. Esta oligarquía, verdadero núcleo duro del capital financiero español, junto a la gran banca europea y las multinacionales, eran los grandes beneficiarios del ingreso en la UE.   La entrada en el euro aceleró la decadencia La entrada en el euro a principios de 2000 culminó este proceso. Ahora teníamos, por un lado, una moneda mucho más fuerte de lo que correspondía a la capacidad productiva del país y, por otro, a bancos alemanes y franceses ansiosos de prestar los excedentes de capital que les aportaba su superávit comercial. De esta manera, la implantación del euro fue de la mano de la creación de una burbuja inmobiliaria que los bancos españoles fueron hinchando hasta lo indecible con los préstamos contraídos con la banca alemana y francesa. La burbuja inmobiliaria fue una farra de ganancias, corrupción y despilfarro, que creó una riqueza ficticia basada en la especulación y el crédito. Lo que ocurrió después es demasiado conocido. Llegó la crisis financiera mundial y todo se vino abajo: llevó a la quiebra a buena parte del sistema bancario; dejó a las empresas entrampadas hasta el cuello; arrastró al desahucio a cientos de miles de familias trabajadoras; provocó el paro de millones y generó una enorme Deuda pública con el fin de rescatar a los bancos, asegurando así que la banca alemana y francesa cobrarían sus  préstamos y la gran banca española siguiera con sus pingües negocios. La entrada en la UE y luego en el euro, al contrario de lo que pregonaron, aceleró la decadencia del país. Para ostentar una moneda fuerte, que daba a los bancos y multinacionales españoles un poder por encima de la estructura productiva del país, el capitalismo español aceptó localizarse en ramas marginales y auxiliares de la producción y amplió su desigualdad industrial con los países centrales del euro. La oligarquía financiera española necesita como el aire mantenerse como socio menor de la UE y del euro para asegurar que seguirá controlando el Estado, manteniendo sus negocios en el exterior y preservando la unidad forzada del Estado. El precio es condenar a...